Legado de un títere ingenuo XXI




– ¿Por qué?. Los dos lo hemos pasado bien. Es ley de vida. Points are points. ¿Te has fijado en el dedo que la he hecho?.

– Yo, y el resto de la fiesta.

– No jodas, ¡qué vergüenza!.

– Ya, no te lo crees ni harto de vino.

– 10 –

Utilicé el número de teléfono que me dio Puri. Al principio quedábamos los fines de semana, más tarde, cuando nuestra relación se formalizó un poco, es decir, cuando la pedí salir y me dijo que sí, nos veíamos casi a diario. Las cosas marchaban entre nosotros, bien es cierto que no había sentido el efecto “flotting”, pero tampoco deseaba hacerlo. Sabía que no podía enamorarme, me había concienciado de un modo tan tajante que no concedía ni un ápice de terreno a la duda. Por una vez, y como precedente esperanzador, mi cerebro derrotaba al corazón. El pleno convencimiento sobre un próximo regreso de Marie era un arma a mi favor para la consecución de esta victoria.

Tampoco había olvidado a Cristina, quedaba con ella en cuanto podía. Una cierta culpabilidad me invadía cuando estábamos juntos, sentía que había traicionado la oportunidad que el destino me había concedido para intentar conquistar su amor. La confesé que mi relación con Puri estaba motivada por mi intención de engañarla en un futuro. “De no ser por Marie hubiera buscado a otra chica por la que sintiera algo más fuerte, pero no quiero poner los cuernos a alguien que de verdad me importe”, le dije. Tuve que apartar mis ojos de los suyos para evitar hacer una confesión de mis sentimientos más íntimos. Aparte de reconocer que lo que me motivó a no hacerlo fue una vez más mi cobardía, realmente aquel no habría sido el momento indicado para hacerlo, ya que Cristina se enfadó conmigo como nunca lo había hecho.

– ¿Cómo podéis ser tan falsos los tíos?. Pensé que tú eras distinto, pero ya veo que me equivocaba.

– Soy distinto, pero este caso es una excepción. Marie engañó a su novio por mí. Estoy en deuda con ella.

– No hay deudas que valgan, sólo sentimientos que permanecen.

– ¿Y qué puedo hacer si permanecen?.

– Ignorarlos, no puedes condicionar tu vida a lo que sentiste un día.

– No puedo, de verdad, no puedo.

– Creo que tardaré mucho tiempo en salir otra vez con alguien. Todos, todos sois unos mamones.

A pesar de su cabreo, Cristina siguió siendo mi amiga. Se preocupaba por mí, intentaba que entrase en razón, que apartase de mi mente “a la misteriosa francesita de los cojones que me comía el coco”. Me molestaba que estuviera decepcionada conmigo, pero me veía incapacitado para hacer algo que pudiera remediar su decepción. Por lo menos tenía los brazos de Puri para buscar consuelo. No obstante esto era peligroso, porque sin quererlo poco a poco me iba encariñando hasta un nivel por encima del que deseaba. Habían pasado casi cuatro meses desde la fiesta de Veterinaria cuando decidí que lo mejor que podía hacer era cortar con ella. De este modo mataría dos pájaros de un tiro: calmaría el enfado de Cristina y evitaría enamorarme de Puri. Sin embargo no era tan sencillo cortar una relación sólo porque sí, debía buscar una excusa que justificase mi drástica decisión. Aunque el recurso del sexo me resultaba muy manido y algo mezquino, fue la mejor barrera donde ocultar mis verdaderas razones. Lo cierto es que después de tanto tiempo saliendo todavía no habíamos hecho el amor, aunque no menos cierto es que responsable de esta castidad era también yo por no haberme atrevido a proponérselo. Sin embargo algo me hacía prever que si lo hacía ella se negaría, ya que solía reaccionar de manera arisca a mis caricias más intimas y necesitaba mucha paciencia para convencerla. Si ella se negaba tendría que aceptar la ruptura con resignación.

Quedé un miércoles por la tarde con el fin de comunicarle las malas noticias. El plan era ir al cine y luego a la salida mientras nos tomábamos algo en un sitio tranquilo, soltarle mi discurso. Mis intenciones se vieron truncadas en la cola del cine por Puri, el tono de su voz me hizo comprender que ella también escondía un as bajo la manga.

– Últimamente estás muy serio- comenzó diciéndome.

– Imaginaciones tuyas, estoy como siempre- comenté contrariado por el maldito sexto sentido de las mujeres que nunca falla.

– No son imaginaciones. Los dos sabemos lo que es. Los tíos pensáis demasiado en follar.

– No, no es eso.

“Serás imbécil”, me dije. Estaba tirando abajo mis argumentos para la separación con esa negación instintiva.

– Vamos no disimules. ¿Crees que yo no pienso en ello?.

– Vale, vale. Reconozco que he pensado en ello y que me molesta un poco no poder disfrutar contigo todo lo que deseo…

– Sí, estoy de acuerdo. No somos unos críos como para privarnos de ese placer.

– Tú has pensado en ello, yo he pensado en ello. Me parece que no hay solución. Algo habrá que hacer, aunque no nos guste…

– Te equivocas, yo tengo las mismas intenciones que tú. He planeado todo.

– ¿Y…?.

– He decidido buscar contactos. ¿Te he hablado alguna vez de mi tío Enrique?.

– La verdad, ese nombre no me suena para nada.

– Pues es un tío soltero que tengo que es de puta madre. Es muy enrollado y aún así me daba corte hablar con él. Sin embargo el otro día me sacó el tema de si tenía novio.

– ¿Y…?.

– Le conté que estaba saliendo contigo, que eras buena gente, y que prácticamente todo nos marchaba bien. Él me preguntó que a qué venía ese “prácticamente”, yo le dije que no habíamos intimado demasiado, que me daba vergüenza que me llevaras a tu piso porque los pisos de solteros tienen fama de picaderos. El comprendió, me guiñó un ojo y me dijo que si alguna vez quería usar un chalecito que tiene en El Escorial sólo tenía que pedirle las llaves.

Visto el cariz que tomaba la situación decidí olvidar el tema de la ruptura y centrarme en el apetecible asunto que se estaba tratando.

– ¿Siempre que quieras?.

– Hombre, no es cuestión de tomarse demasiadas libertades, pero he pensado que cuando acaben los exámenes podríamos pasar allí un fin de semana.

Traté de contener mi babeo.

– ¿Un fin de semana solos?.

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3 Comentarios

  1. Chuscurro
    10 abril, 2008
  2. Dimitri
    11 abril, 2008
  3. melita
    12 abril, 2008

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