Libros en vivo: Legado de un títere ingenuo XXXII




Mis vómitos hicieron que mi madre depusiera su actitud de amamantarme, y cuando me frotaba las manos pensado en como me iba a poner de tanto chupar las tetas de la rolliza criadora que me buscarían, la maldita leche en polvo mandó al traste mis depravadas intenciones.

4- EGB, BUP, COU, ETC.

Mis años de colegio jugaron un papel decisivo en mi anterior vida. Allí conocí a los que posteriormente fueron mis mejores amigos y, como suelen decir los profesores, allí comencé a formarme como persona. Por eso debía mantenerme en guardia, alerta, no cometer ningún error. Si hubiera dejado traslucir todos mis conocimientos quizás me hubieran tomado por un superdotado, lo que conllevaría el traslado a una escuela especial, lo que significaría un cambio drástico en mi nueva vida con respecto a la anterior, en definitiva de no haber mantenido mi verdadera sabiduría oculta las consecuencias hubieran sido bastante desagradables para mí. Fue divertido eso de equivocarme a propósito en cosas sencillas, lo cual no fue óbice para que terminase siempre los cursos con notas brillantes.

Personalmente lo que más temía de esta nueva etapa de mi nueva vida era la convivencia de mi mentalidad adulta con las infantiles que la rodeaban. Cuando tenía pocos años nadie se preocupaba de si era un solitario, pero a partir de mi entrada en el colegio debía relacionarme con los otros chicos que supuestamente tenían mi edad. Lo cierto es que no me fue tan difícil, principalmente porque disfruté como un niño y nunca mejor dicho. Destacaba en los deportes como nunca lo había hecho, siempre era el primer elegido cuando se sorteaban equipos a “pares y nones”, era una especie de héroe para mis compañeros, mi ego se sentía tan cómodo que aquellos años, lejos de lo que podía imaginar, pasaron velozmente.

La llegada al instituto sí vino cargada de problemas. En primer lugar algunas asignaturas comenzaron a oponerme resistencia, y tuve que volver a estudiar, costumbre que había dejado abandonada. En segundo lugar mi experiencia deportiva se vio superada por la capacidad física de las emergentes figuras que me rodeaban. Seguía siendo de los mejores, pero dejé de ser una estrella. Por último estaban las chicas, mi poco éxito con el sexo opuesto en mi existencia en la anterior línea temporal me había ayudado a llevar bien mi abstinencia durante mi niñez pero cuando llegaron las frecuentes erecciones involuntarias aquello fue un infierno. Necesitaba desfogarme y la masturbación comenzaba a aburrirme. Las compañeras de clase me parecían crías, y las mujeres se reían de mí si intentaba flirtear con ellas. Alguna vez obtuve una sonora bofetada como respuesta a una de mis proposiciones, y la mayor bronca paternal de mi vida llegó cuando corrió la voz de que había intentado seducir a mi profesora de inglés de treinta años… fue un impulso incontrolable. Me costó algún tiempo asimilar mis limitaciones, y atreverme a tirar los tejos a mis amigas de clase. Sorprendentemente, al menos para mí, el éxito me sonrió con más frecuencia que en mi anterior vida (cosa por otro lado no muy complicada).

Quizás fue mi forma de hablar, quizás la madurez que rezumaba, probablemente la ausencia de mi inseguro tartamudeo adolescente. Lo que tenía claro es que ninguna de estas relaciones con púberes debía alargarse demasiado, no debía convertirme en un punto influyente dentro de la vida de ellas ni debía dejar que ellas se convirtieran en un punto influyente de la mía. Esta actitud me confirió una fama de rompecorazones que resultó ser muy del gusto de las jóvenes que me rodeaban.

Aparte de todo esto, que no deja de ser un anecdotario, sin lugar a dudas lo más importante que me sucedió en aquella época de mi vida fue el hecho de revelarle a Jesús el secreto que durante quince años había mantenido oculto. Llevábamos ya tres años siendo amigos, muchas veces había estado a punto de vencerme la tentación de contarle todo pero aguantaba consciente que sólo una amistad bien consolidada y una cabeza suficientemente madura podrían soportar aquella historia. Aquel viernes consideré que era el momento adecuado. Habíamos salido de bares por Moncloa, mientras teníamos nuestros primeros encuentros con el alcohol (en mi caso reencuentro), Jesús probaba suerte con Marta Asensi con nefastos resultados. Se hallaba muy decaído y no se me ocurrió otra forma de subirle la moral…

– Tranquilo tío, si lo vuelves a intentar la semana que viene seguro que te dice que sí.

– Si quisiera decirme sí, me lo habría dicho ahora.

– Las tías son así, no se entienden ni ellas mismas.

– Vaya, pero resulta que tú si las comprendes.

– Yo lo único que sé es que no te vas a conformar con ser rechazado, y tengo la seguridad que ella no volverá a rechazarte.

– ¿Cómo puedes estar tan seguro?.

– Porque esto lo he vivido antes.

– ¿Qué quieres decir con eso de que lo has vivido antes?.

– Exactamente lo que escuchas, esta es la segunda vez que soy testigo de estos acontecimientos.

Un silencio. Una mirada de incomprensión. Una sonrisa de víctima de la cámara oculta.

– ¿Me estás tomando el pelo?. No me apetece que me tomes el pelo precisamente ahora.

– No lo estoy haciendo.

– ¿Cuántos chupitos de tequila te has tomado en el “Atenea”?.

– Ninguno, por extraño que suene lo que te estoy contando es cierto. Cállate y prepárate para oír una historia muy curiosa.

Había tenido mucho tiempo para pensar en el modo de exponer mi “aventura”, así que comencé a narrarle del modo más resumido y conciso que me era posible los inusuales avatares acaecidos durante el período post-mortem de mi anterior vida. Se sucedieron ante mis ojos gestos de incredulidad, sorpresa, cachondeo, admiración y confusión que debían estar sacados del manual del buen mimo, y que fueron rematados por una frase que expresaba de un modo tajante el efecto que mis palabras habían producido en Jesús.

– ¡Anda ya!.

– Te juro que es cierto. ¿Cómo podría inventarme semejante historia?.

– Tú te drogas.

– No digas gilipolleces.

Bueno, supongo que era mucho pedir que me creyera a la primera por más que hubiese un sentimiento de amistad por medio. No me preocupó en exceso, tenía guardados aún unos cuantos ases bajo mi manga.

– ¿Qué tal tu prima María?.

– ¿Mi prima María?. ¿A qué viene ahora hablar de mi prima María?. Estás realmente como una cabra- me contestó en un tono que empezaba a transpirar enfado.

– ¿Se supone que tú y yo somos amigos y que no nos guardamos secretos en el tema de las tías?.

– Pues claro, ¿pero a qué viene ese cambio de tema?.

– Viene a que tú no me has contado nada de lo que te sucedió en verano con tu prima.

– A mi no pasado nada con mi prima.

– En la cocina, mientras tus padres y tus tíos acababan cándidamente su cena…

Gesto de alucine.

– ¿Cómo…?, ¿Quién…?, ¿Cómo coño lo sabes?.

– Tú me lo has contado.

– Yo no se lo he contado a nadie.

– Me lo contaste a mí cuando tenías diecisiete años.

– Pero si tengo quince.

– Cuando tenías diecisiete años en tu otra vida en la anterior línea temporal.

– Deja de comerme el coco, me vas a volver idiota.

– Sé que es difícil de creer, pero es verdad tío. Lo que te he dicho es verdad, tú eres la primera persona a la que se lo cuento. Tú fuiste mi mejor amigo, tienes que ser mi mejor amigo.

Jesús estaba sudando, quizás aún era demasiado joven, no era fácil de encajar lo que le había dicho. Un debate se había iniciado en su interior, y en él por fin sonaban voces a favor de creerme.

– Espera, espera quizás eso lo has adivinado de casualidad, lo sospechabas por algo que te he comentado.

Las voces que sonaban a mi favor eran muy débiles. Exploté, y subí el tono de mi discurso para darle más fiabilidad.

– No te estoy mintiendo. Entérate, no estoy loco ni quiero volverte loco a ti, pero sé muchas cosas: tu padre estafa a hacienda, tu madre es rubia de bote, guardas las revistas porno dentro de la caja del Monopoly, te gusta hacerte pajas pensado en la profa de matemáticas… . No lo adivino, tú me lo has dicho. En otro tiempo, en otro lugar, en otra línea temporal.

Mi amigo quedó aturdido como si acabase de recibir un puñetazo en pleno rostro. Poco a poco fue abandonando esa especie de catalepsia en la que se había sumergido. Había visto una luz al fondo del túnel, se veía abocado a creerme pero no quería hacerlo sin hacerme superar un último examen, esa prueba del nueve que le aseguraría que mis palabras eran ciertas.

– Según lo que me has contado la diferencia entre una línea temporal y la siguiente es muy pequeña, no cambian la mayoría de las cosas, ¿no?.

– Sí, sí, correcto. Por eso sé todo lo que acabo de decirte.

– Bien, entonces podrás decirme quién ganará la liga este año.

No pude evitar lanzar una carcajada. El fútbol, mi debilidad, por supuesto que sabía el nombre del equipo que iba a ganar la liga.

– El Real Madrid, eso es muy fácil, va destacado. Esto que te voy a decir te va a quitar la emoción de los mundiales, pero lo hago para acabar con tu incredulidad. España llega hasta cuartos de final donde le elimina Bélgica por penaltis. El penalti español lo falla Eloy.

Quería datos balompédicos, ahí los tenía.

Conocía a Jesús, sabía que ya tenía su confianza, pero a los tres meses cuando los resultados refrendaron mis vaticinios mi extraña historia quedó sin grietas.

– Tío, esto es la polla- dijo con gran solemnidad para rubricar su fe hacia mi persona.

5- La existencia del azar.

A la edad de cinco años sucedió algo que me hizo reflexionar y que a la larga me proporcionó pingües beneficios. El hecho en cuestión fue que mi tío abuelo Ramiro resultó agraciado con el primer premio de la lotería de Navidad… de nuevo, como en la anterior línea temporal. Aquel acontecimiento tan celebrado en la familia a mí me llevó a cuestionar la existencia del azar.

La probabilidad, la estadística, la física han estudiado el azar, intentado prever lo imprevisible. Un estudio que siempre había considerado inútil, pero que a partir de aquel día también consideré idiota.

El tío Ramiro montaría una tienda de electrodomésticos con la mayor parte del premio. Esa tienda serviría para alimentar a su familia, y para dar empleo en el futuro a sus hijos. En fin, que ese dinero de la lotería marcaría de forma claro el curso de su vida y de sus familiares. Esto me llevó a una conclusión el azar era controlado por los entes de otros niveles superiores al nuestro. ” … eso que vosotros llamáis casualidades…”, recordé aquella frase. No existían las casualidades, el juego era juego sólo en la mente de los humanos, y si bien no podía estar seguro de esta teoría a pequeña escala, estaba seguro de ella en los grandes eventos, donde la suerte se mezclaba con el dinero. El azar influía en la vida de muchas personas, y no podía ser que un agente incontrolado hiciera eso, sería negativo para el maldito equilibrio.

Me molestó llegar a esta conclusión porque me sentí un poco estafado, era desconcertante darme cuenta como se jugaba con nuestras ilusiones, aunque no tardé en verle su lado positivo. La lotería, la primitiva, las quinielas no variarían con respecto a mi anterior vida y eso suponía… . Estaba claro lo que suponía, pero en un principio mi conciencia me dijo que no debía aprovecharme de ello. Si lo hacía me haría más rico. ¿Y qué papel jugaría el dinero?. ¿Una nueva vecindad?, ¿una escuela privada tal vez?. ¿Qué sucedería si el hecho de tener recuerdos de mi anterior vida era como suponía un fallo?, lo mismo que habían fallado una vez podrían volver a hacerlo convirtiéndome en un elemento incontrolado y peligroso para el discurrir del mundo.

De todos modos me divertía escribir en un papel los resultados de las quinielas para cada lunes comprobar el estado de mi memoria. Jamás acertaba catorce, o sea que después de todo mis reflexiones acerca de la conveniencia o no de aprovechar mi don habían carecido de sentido, la duda no tenía lugar, mis neuronas no podrían haber colaborado por mucho que mi conciencia se hubiera debilitado. Sin embargo lo que sucedió es que gracias a esa reflexiones y a las pruebas sobre el papel me di cuenta de algo: recordaba los resultados de muchos partidos como los grandes derbis, las eliminatorias europeas, los mundiales, aquellos partidos permanecían en mi memoria, pocas veces variaba un resultado y eso podría hacerme ganar una suma de dinero importante e inofensiva para el equilibrio. El pasaporte a la fortuna tenía un nombre: porras.

Sí, a partir de los dieciséis, edad que consideré propicia para manejar parné, fui conocido en muchos bares como “el rey de las porras” por el alto porcentaje de veces que acertaba los resultados de los partidos. Dependiendo del dinero que necesitara apostaba en diferente número de locales. No puedo decir que me hiciera multimillonario, aunque mis padres se hubieran sorprendido de haber conocido la suculenta cuenta corriente que fui forjando a sus espaldas. Mi mejor época llegó sin duda con el “5-0” del Milán al Real Madrid, gracias a ese partido de resultado sorprendente mis arcas obtuvieron tal auge que tuve reserva para mucho tiempo. A pesar de la trivialidad con la que trato el tema, esta reserva monetaria no se debía a un mero capricho, a un querer vivir mejor, la principal razón de mi implicación en el asunto de las porras era que necesitaba dinero para comprar algunos elementos que hicieran mi vuelta a La Moradiña más segura que la primera vez. Mi mente estaba allí junto a Marie, era inevitable pensar constantemente en el reencuentro.

6- Miscelánea sentimental.

Antes de morir o, para ser más concreto, antes de mi última muerte, tres mujeres ocupaban un lugar importante en mi corazón y por tanto en mi vida. Por supuesto no las había olvidado.

CRISTINA: Esperé a conocerla en las mismas vacaciones que la otra vez, como en el caso de Jesús quería que todo sucediese como yo recordaba para que no hubiese cambios inesperados. La necesitaba como amiga más que como amor platónico. Dentro de mi corazón siempre guardaba un hueco para ella, pero eso nunca se lo diría. Sin embargo, sí llegué a contarle lo de mi “reencarnación”, para mi sorpresa me creyó en menos de media hora y no tuve que darle tantas pruebas como a Jesús. Era una chica genial, quizá si ella me hubiese querido desde el principio nunca hubiera existido Marie y mi vida no hubiera tenido tantas complicaciones.

PURI: La gran sacrificada de esta nueva vida. Nunca dejé de pensar que me había comportado como un cabrón, por eso pensé que lo mejor era no volverla a hacer daño. Me hubiera gustado estar con ella de nuevo, aunque sabía que no era justo. Tenía que dejar de ser un egoísta, renunciaría a Puri. Supuse que sería duro porque la encontraría a menudo en el autobús, aunque curiosamente esta circunstancia no se dio jamás.

MARIE: Había significado todo durante el último año de mi anterior vida, y se había convertido en el centro neurálgico de la actual. Toda mi existencia estaba basada en función de volver a verla, de completar nuestra historia de amor inacabada. Jesús y Cristina se empeñaban en decir que mi equivocaba al dejar que ella rigiese cada una de mis acciones, pero ella me había dado el único sueño convertido en sentimiento real que había conocido y no podía renunciar a él, por muchas complicaciones que trajese consigo, y las traía. En primer lugar, si bien no me convenía intentar precipitar nuestro encuentro (de todos modos no tenía su dirección, su teléfono, ni ningún medio de llegar hasta ella por adelantado, para por lo menos poder alimentarme con su presencia aunque fuese de lejos, reflejarme en sus ojos, oír su voz, lo que fuera) nada impidió que intentase saber algo de su vida. Mediante su apellido y el conocimiento del hecho que su familia era adinerada, intenté buscar información en hemerotecas con diarios franceses, incluso en las guías telefónicas del país vecino, pero fue misión imposible. No encontré ningún Marceau que saliese en los periódicos que encajase con su perfil, y encontré demasiadas por toda Francia como para ponerme a investigar una por una.

Sólo nos volveríamos a encontrar, si la rescataba de nuevo de La Moradiña. Lo había hecho una vez, no obstante eso no significaba que fuese fácil. Fui afortunado al poder acabar con aquel hombre de un sartenazo, es difícil pillar a un profesional con una sartén. Sí, profesional, no tenía duda de que lo era, los acontecimientos que rodearon la vuelta de Marie, la persecución en coche, la infraestructura que aquella gente debía mover para haberla localizado así me lo indicaban. Debía conformar un nuevo plan que me diera más seguridad, un plan en el que contaría con la ayuda de Jesús, Cristina, un coche menos chatarrero, y unos rifles automáticos tanto de balas como de dardos somníferos. Había pensado en ello desde mis primeros años, por eso no me costó trabajo idear un método sencillo para hacerme con las armas. Esta claro que unos rifles no salen de la nada, así que ya desde muy pequeño empecé a mostrar a mi familia una gran afición por la caza que si bien mis padres no recibieron con mucho interés, si lo hizo mi abuelo, furtivo en sus tiempos mozos. Él me enseñó a manejar las armas, y a pesar de mi odio a la violencia me convertí en un magnífico tirador. De este modo cuando tuve la edad reglamentaria me hice con el permiso correspondiente. Una vez tuve el permiso de armas no tuve mucha dificultad en agenciarme unos rifles, que al igual que hice con el coche, los adquirí en secreto mediante el dinero que obtenía de las porras.

Todos los útiles de liberación estaban preparados, al igual que el plan en mi mente.
Así estaban las cosas justo antes Septiembre de 1995, para ser una vida tan planificada, el futuro me iba a deparar muchas sorpresas…

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2 Comentarios

  1. Chuscurro
    19 mayo, 2008
  2. Dimitri
    20 mayo, 2008

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