Libros en vivo: Legado de un títere ingenuo XXXIV




La tarea que iba a cometer no parecía encerrar mucha dificultad, sin embargo empecé a sentir un inmenso desasosiego, que se manifestaba en forma de sudor frío, y en una clara sensación de que iba ser cogido in fraganti. ¿Qué diría?, ¿qué haría si me pillaba con la mano en su bolsillo?. ¿Por qué siempre acababan complicándose las cosas?.

Lo mejor era actuar sin pensar. Empecé a menear mis dedos como si fuese un tahúr en pleno calentamiento, me dirigía hacia mi objetivo y de repente un frenazo en seco hizo que casi me cayera de boca, mi mano consiguió asirse a la barra en el último instante. Aunque no paso nada, el miedo se hizo más patente en mi cabeza, casi pastoso. Por un momento incluso me planteé qué otros medios de entrar a La Moradiña tendría sin esas llaves. Entonces llegamos a una parada en la que se bajaba mucha gente, cuando el caudal de personas pasó junto a mí, sin saber cómo ni de dónde vino mi valor, arrebaté el llavero a su dueño con una singular habilidad y me uní a los que se apeaban viéndome en la calle lejos del calvo con bigote y con sus llaves en mi poder. Suspiré, no obstante sabía que todo el sufrimiento que acababa de pasar había sido para superar la parte fácil de mi plan de rescate.

– 14 –

– ¿Estás loco?. ¿Cómo que quieres ir ya?.

– No estoy loco, Marie está secuestrada y no voy a dejar que sufra.

– Para un momento, escucha a Jesús. Tú siempre nos estás recalcando que lo más importante es la seguridad que nos proporciona el hecho de que sepas todo lo que va a pasar, y ahora quieres adelantar acontecimientos, precipitarte por no esperar unas semanas.

– No podemos dejarla sufrir. Es inhumano tener a una persona privada de su libertad.

– Pero piensa que si tú no lo supieses, si contigo no hubiera ocurrido ese error, ese fallo de borrado de recuerdos que nos contaste, pues entonces le tocaría sufrir.

– Ese fallo ha ocurrido y no podemos hacer como si no hubiera pasado.

– No es posible que seas tan cínico, siempre estás contándonos historias sobre el famoso equilibrio y que si tú no supieras administrar bien tu capacidad de recordar la anterior vida podrías mandarlo a la mierda y crear un caos. Siempre dándole una gran importancia a esa historia y ahora parece no importarte.

– Eso, nos tienes fritos con el dichoso equilibrio…

– Esto no lo alterará, no tiene por qué alterarlo. Lo único que vamos a hacer es adelantar un acontecimiento que ya ocurrió en mi anterior existencia.

– Podemos esperar unas semanas.

– Para ella será mucho tiempo.

– Pasará rápido.

– No, para ella pasará muy lento.

– Ella, ella, ella, siempre ella. No lo haces por ella, lo haces por ti. Te mueres de ganas de verla y no tienes tiempo ni de pensar.

– Oye tía, no sé por qué me lo echas en cara. Está claro que me muero de ganas por verla, llevo veinticinco años esperando el momento de volver a tenerla en mis brazos…

– Pues por eso no tendría que ser tan difícil para ti esperar un poco más.

– En serio, no es por mí, es por ella. No quiero adelantar la fecha del rescate por egoísmo sino por evitar penurias a Marie.

– Evitándoselas a ella nos las vas a provocar a nosotros…

– No me lo echéis en cara, se supone que me ayudáis porque sois mis amigos, yo no os obligo a nada. Creo que lo que sucede es que os estáis asustando porque comenzáis a verle las orejas al lobo.

– No, lo que pasa es que siempre nos decías que todo estaba controlado y resulta que has tenido problema hasta para obtener esas llaves que tan fácilmente decías que ibas a encontrar. Imagínate ahora si entramos al chalé un día distinto al de tu primera vez, todos los riesgos a los que nos podemos exponer.

– ¿Qué riesgos?. ¿De verdad creéis que tanto van a cambiar las cosas en unas semanas?. Seguro que siguen teniendo un perro en el jardín, seguro que siguen teniendo un vigilante, y además si pude hacerlo una vez solo y desarmado, no creo que tenga problemas ahora. Quizás lo único distinto sea que la otra vez tuve suerte de pillar al vigilante en el baño y no me vio por la videocámara de la entrada, pero esa videocámara deja muchos puntos muertos por donde podemos colarnos sin que nos vean. Os pido la ayuda porque sois mis amigos, las únicas personas en las que he confiado totalmente, aunque nos os quiero forzar a nada, me parece comprensible que os rajéis. Puedo hacerlo sin vuestra ayuda, así que tened total libertad a la hora de decidir.

– No, mierda no es eso, queremos ayudarte, pero también queremos que entres en razón.

– ¿No te das cuenta que basas toda tu vida en ella?.

– Sí, lo sé. Pero no quiero irme de este mundo otra vez sin haber vuelto a besarla, sin haberla tenido en mis brazos…

– … y sin habértela tirado.

– Joder Jesús, ¿no distingues cuando hablo en serio¬?. ¿No distingues cuando hablo con el corazón?.

– ¿Tan especial es?.

– Sabes que sí, te lo he contado mil veces. Uno debe enfocar su vida a hallar la felicidad, y mi felicidad está en Marie.

– Si crees que merece la pena.

– Estoy seguro… . ¿Estáis conmigo o no estáis conmigo?.

– Sí, coño, sí. Eres un puto cabezota, espero que esto salga bien.

– Sí, pero sigo pensando que la felicidad se puede encontrar en muchos sitios y te estás equivocando…

Jesús y Cristina se hallaban algo remisos a ayudarme justo cuando había llegado la hora de la verdad. No podía culparles, comprendía su forma de pensar. Lo que no dejaba de sorprenderme era la facilidad con la que había digerido la historia de mi reencarnación, del equilibrio, de las líneas temporales y todo ese rollo, y que sin embargo les costara tanto entender la fuerza de mi amor por Marie. Posiblemente porque el amor es un fenómeno que sólo se puede comprender desde dentro, y que visto con ojos ajenos siempre suele subestimarse. Yo no era tan cínico como ellos creían, reconocía que mi comportamiento tenía un punto de obsesivo aunque cómo no iba a serlo. Acumulaba ya un montón de experiencias a mis espaldas y ninguna como aquella maravillosa noche de amor a medio terminar, el cenit de mi vida, de mis existencias. Era precisamente por eso por lo que no debían recelar de mi plan, jamás se me hubiera ocurrido hacer conscientemente algo que pudiese dar al traste con aquella mágica velada. No obstante, también sospechaba que mis amigos desconfiaban quizás de Marie y no tanto de mi plan.

Desde el primer momento en que les conté las aventuras y desventuras con mi querida francesa no dejaron de parecerles demasiado extrañas algunas de las circunstancias que rodearon nuestros encuentros: su rechazo a acudir a la policía una vez la liberamos, su silencio y su ausencia durante tantos meses, su regreso y la segunda tentativa de secuestro que conllevó…

Evidentemente aquello era extraño, ni siquiera yo podía negarlo, pero no me cabía ninguna duda a la hora de adjudicar a Marie el papel de víctima en todo aquel jaleo, hubiera defendido su inocencia ante cualquiera, aunque no por ello quería pecar de ingenuo. Yo había fabricado muchas hipótesis en relación con lo sucedido y a la que más credibilidad concedí fue a la que situaba a Marie como hija de un importante traficante de drogas o de armas, o de ambas cosas, miembro de una mafia que se hallaba acosada por otra mafia rival. Sí, reconozco mi devoción por la saga de “El Padrino”, sin embargo no creo que mi teoría tuviera nada de peliculera. Sólo una organización con suficiente infraestructura y poder podría haber estado al tanto de ese regreso de Marie a España que conllevó mi muerte, sólo una organización de ese tipo podría actuar del modo reincidente en el que lo hicieron. La chica a la que amaba despertaba demasiado interés y por mucho que sus ojos fuesen los más maravillosos sobre la faz de la tierra, no creo que fueran la razón por la que había sido secuestrada, ni siquiera creo que lo fuera el rescate que podrían obtener por ella. Probablemente ella era la llave, el arma de chantaje de una guerra entre poderosas organizaciones. Todo eran meras especulaciones, pero lo cierto es que si la realidad coincidía con mi hipótesis, todos los extraños acontecimientos que habían rodeado los encuentros con Marie empezarían a tener sentido. No podía evitar que un reguero de sudor frío recorriera mi sien cuando me daba cuenta del temible rival que tenía enfrente, aunque no debía dejar que el miedo me detuviese ahora que ella estaba tan cerca. Además teníamos dos bazas a nuestro favor: mi memoria y el hecho de ser gente normal de la que no se podía sospechar. No sabía si esto era suficiente para luchar contra un imperio mafioso, y desde luego no iba a quedarme con las ganas de adivinarlo.

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2 Comentarios

  1. Dimitri
    26 mayo, 2008
  2. melita
    30 mayo, 2008

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