Semana final: Legado de un títere ingenuo XLIV





El camino de los libros en vivo llega a su fin, el camino de este títere ingenuo se acaba. Por eso voy a intentar hacer un último esfuerzo y lanzar los cinco capitulos finales esta semana para alegría de los seguidores, la felicidad de los detractores y la indiferencia del resto.
A todos gracias, por hacer un huequecito en el blog de De Cabo a esta historia, y en especial gracias a aquellos que han compartido sus opiniones conmigo.

– Soy Marie, ¿me recuerdas?.

– Claro, sí…, claro.

– Pensé que me habrías olvidado.

– Antes me olvido de mí.

– Sigues como te recuerdo.

Aún sabiéndome víctima de un atolondramiento supe sacar en esos momentos sangre fría para quejarme.

– Dijiste que me llamarías pronto.

Lo cierto es que tras oírme más que una queja aquello sonó como un llanto.

– Lo siento, no pude hacerlo antes. Es verdad, puede que no me creas pero lo es.

– Te creo, te creo.

– ¿Qué tal te va?.

– Bien, bien. ¿Y a ti?.

– Bien.

Llegó el tiempo del silencio ninguno de los dos parecíamos saber cómo continuar la conversación.

– Voy a ir a Madrid- comentó al fin ella llenándome de una emoción que no por ser esperada fue menos agradable.

– ¿Cuándo?.

– En unos días. Necesito un lugar para dormir, y pensé que quizás tú podrías proporcionármelo.

“No te quepa la menor duda muñeca”.

– Claro, supongo que no habrá problema.

– Entonces pronto nos veremos.

– Sí, nos veremos pronto.

– ¿Vendrás a buscarme al aeropuerto?.

“No te quepa la menor duda muñeca”.

– Claro, supongo que no habrá problema.

– Llegó el domingo a las seis de la tarde en el vuelo procedente de Paris. ¿Lo has anotado?.

– Lo he memorizado.

– Apúntalo por si acaso.

– Bueno, vale, de acuerdo.

El silencio invadió de nuevo el cable del teléfono.

– En fin, nos veremos el domingo.

– Sí.

– Tengo que despedirme. Un beso.

– Igualmente, adiós.

– Adiós.

La experiencia y el estar preparado para aquella llamada no restaron ni una mínima parte de idiotismo a mi comportamiento. Otra vez había vuelto a hablar como poseído por el espíritu de un niño de parvulario. Apenas si había logrado mantener un diálogo medianamente aceptable. Tardé en dejar de pensar en ello lo justo en darme cuenta de que el tren de la felicidad iba a pasar de nuevo por mi estación y esta vez no podía perderlo.

– 21 –

– Bueno Jesús, ¿habrás buscado ya un lugar para dormir esta noche?.

– Sí, tú tranquilo, no te preocupes por eso.

– Hoy es la noche. Hoy todo es posible.

– Te veo demasiado alegre.

– Y yo a ti demasiado preocupado.

– Estoy preocupado por ti. Ten cuidado. Puede llegarte el gran desengaño.

– No lo creo.

– Con la francesa nunca sabes lo que te puede pasar, no dejes de mirar a tu alrededor.

– Esta vez no nos seguirá nadie, estoy segura que en mi anterior existencia lograron localizarla gracias a mi teléfono pinchado.

– Quizás el peligro no esté en sus secuestradores, ella podría ser el peligro.

Jesús no sólo seguía empeñado en buscarle un lado oscuro a Marie, sino que además en los últimos meses había elaborado una hipótesis, inconcebible para mí, para él irrefutable, según la cual los que perseguían a Marie eran policías.

– No digas tonterías, no creo que la policía secuestrase a nadie.

– No sé como te lo tengo que decir, pero lo que esta claro es que si fueran de una organización mafiosa no pondría en el archivo de clientes de la inmobiliaria eso de “CONFIDENCIAL”. Esa palabra tiene que encubrir a alguna organización oficial, de lo contrario correrían un gran riesgo; en cuanto el fisco hiciera un registro de esos archivos despertaría sus sospechas e investigarían inmediatamente. Lo he pensado mucho, si fuera un mafioso y quisiera una tapadera pondría un nombre falso, nunca una etiqueta de ese estilo tan llamativo.

– Esa teoría tiene su lógica aunque no deja de ser una teoría indemostrable, ¿quién te dice a ti que el archivo que conseguí yo es el que presentan al fisco?.

– Bueno, ¿y por qué Marie no quiso acudir a la policía cuando la liberamos?.

– Su familia, su familia debe estar mezclada en asuntos turbios. Eso es algo que siempre ha quedado claro.

– Entonces dime, ¿qué clase de mafia puede adivinar la identidad de un hombre normal sólo con obtener sus huellas de una linterna?.

– Una mafia muy poderosa obviamente.

– Déjalo, es una tontería discutir contigo. ¿Sabes lo que te digo?. Todo te hubiera ido mucho mejor si en vez de preocuparte por conquistar a la dichosa francesita, te hubieses preocupado de conquistar a Cristina.

– ¿A qué viene eso ahora?.

– Tú me has dicho cientos de veces que en tu otra vida estabas enamorado de ella antes de conocer a la francesa. No puedes haber olvidado ese sentimiento del todo. Los sentimientos crecen o decrecen, nunca desaparecen.

– Muy bonito, pero yo tuve que elegir. No podía pedir a Cristina que me ayudase con lo de Marie y luego intentar también algo con ella. No hubiera sido lógico y creo que ella me hubiera dado una merecida patada en el culo.

– Eso es lo que me intriga tanto. Si a las dos las has querido, ¿por qué has tenido que elegir a la francesa que vive tan lejos y es tan misteriosa?:

– No lo sé. A Marie la veo sólo como a una chica a la que amo y a la que deseo, en cambio a Cristina también la veo como a una amiga. Además Marie es para mí un sueño hecho realidad, y Cristina sólo fue un sueño que se desvanecía cada amanecer y nunca se concretaba.

– Quizás si no hubiera aparecido la francesa y le hubieses dedicado más tiempo.

– Quizás, tal vez, puede que, quién sabe… . Es muy fácil pensar sobre ello, el caso es que nunca lo sabremos realmente.

– Yo lo sé.

– ¿Tú sabes qué?.

– Lo que hubiera pasado con Cristina, lo que podría pasar si tú quisieras…

– Explícate macho, no quiero más misterios.

Jesús me miró con la solemnidad del que va a dar un discurso ante las naciones unidas.

– Esto que te voy a contar no debería contártelo, prometí que no lo haría. Lo que pasa es que esta puede ser mi última oportunidad de hacerte ver, que la felicidad estaba mucho más cerca de donde la estabas buscando y sobre todo con menos riesgo.

Paró su locución un instante, el gusanillo de la intriga comenzó a carcomerme el estómago como si se tratase de una manzana.

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