El juez de Playmobil y la princesa que dejó de querer al malo – I Concurso de Cuentos


I Concurso de Cuentos El Blog de De Cabo

Empecemos por decir que Marley había muerto. De ello no cabía la menor duda. El revolver del sheriff aún humeaba, y el juez Billow no dejaba que su merienda dijera nada. La verdad es que el chocolate siempre había sido su debilidad. A la princesa Barbie nunca le gustaron los tiroteos, de hecho le quitan el hambre. Silvia siempre se queja de que su princesa Barbie tenga que ver estas cosas, dice que las princesas deben vivir en su castillo, nada de muertes en el lejano Oeste. Pero la verdad es que está locamente enamorada del sheriff, aunque no lo sepa.

La tarde-noche de sábado se ha tornado muy fría, y la gente no para de correr de una tienda a otra. Este invierno casi no ha llovido, el frío suple cualquier otra predicción meteorológica.

“Necesitas algo más que esos zapatos de punta”, dice Claudia tratando de controlar a los niños. – Realmente nunca llegaste a tener ese estilo de revista que tanto te gusta.

“Dime qué quieres comprar”, continua con esa cara de agobio que pone cuando no quiere estar en un sitio. – ¿Que quieres esta vez?, que yo sólo quiero un poco de tranquilidad.

La dependienta cierra una de las puertas. Es de esas tiendas de centro comercial que por un lado da a la calle y por el otro al interior del centro.

“Sabes que estos zapatos de punta me encantan”, respondió su marido dándose una vuelta delante del espejo. “Además, Lucas ya me conoce desde hace muchos años y esperará un rato”. “Tráeme esa gorra, esa, esta temporada se llevan mucho”.

“Se nos hace tarde, llama a Lucas, estará preocupado”. – Y dile que esta noche le deseo más que nunca, para olvidarte.

“¡Silvia!, que vengas aquí, ¿cuántas veces te he dicho que no te alejes? Esas gorras las lleva Brad Pitt, no creo que te quede bien”. – Como Brad Pitt, ¡Dios mío!, creo que esto es lo único que faltaba por ver.

Marley estaba tirado de cualquier manera, ni siquiera las herramientas de trabajo del juez Billow pudieron arreglar aquello ¡Y eso que el helicóptero de rescate traía gancho!. Marley había sido un buen tipo, incluso fuimos amigos cuando llegamos al pueblo, dijo el sheriff mientras guardaba el revolver en su funda. Esto no podía seguir así y tú lo sabes.

“Me los llevo, definitivamente. Y la gorra también, ¡a ver quién dice que este año no me lo merezco!”. “Llama a Lucas, dile que ya llegamos, aunque no creo que me pueda quedar mucho con vosotros. Yo creo que este lunes, si apuro un poco más, entregamos. Verás la cara de imbécil que se le va  a quedar al idiota de Pedrito-pelota-ping-pong. Ya estoy viendo su cara”

Barbie se acercó al sheriff, había visto tantas veces morir a Marley, que esta vez casi no se creía que hubiera muerto de verdad. Le pegó una patada en su asquerosa barriga y al ver que no se movía, cogió su vara real, y dando saltos de princesa le dio un beso al sheriff. Aunque al sheriff esto también le parecía un poco asqueroso, todo hay que decirlo.

“Amor, dale su muñeca a tu hermana, te he dicho mil veces que eres muy bruto, que al final se la vas a romper y te quedas sin cuento. ¡Qué tranquila me voy a quedar cuando se os acaben las vacaciones!”.

Aunque pensándolo bien, Barbie tampoco es tan guapa, pensó el sheriff al verla marchar, como si se la llevaran unos brazos invisibles.

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4 Comentarios

  1. Evatomandoelsol
    21 diciembre, 2009
  2. Evatomandoelsol
    21 diciembre, 2009
  3. Mikael
    29 diciembre, 2009
  4. Mikael
    6 enero, 2010

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