Tiempos pasados, tiempos felices – I Concurso de Cuentos


I Concurso de Cuentos El Blog de De Cabo

Empecemos por decir que Marley había muerto. De ello no cabía la menor duda. Marley ya era viejo, pero Tim confiaba en haber podido pasar unas últimas fiestas disfrutando de su compañía.

Miró a un cielo limpio y despejado del que de pronto empezaron a caer unos diminutos copos de nieve. Eso le hizo recordar el día en que Marley llegó a casa. Hacía ya 12 años de ese momento, pero lo recordaba como si hubiese pasado ayer. Era un frío 24 de Diciembre y Tim aún no se creía lo que sus padres le estaban enseñando. Marley tenía apenas tres meses. Un precioso cachorrito que le miraba con una mezcla de miedo, tristeza y curiosidad.
Tan sólo tenía 6 años, cualquier cosa le hubiese hecho ilusión, pero la llegada de Marley fue algo más. Se podría haber considerado amor a primera vista.

Con él aprendió lo que significa la responsabilidad, aunque para ello tuviera que pasar por el peor momento por el que puede pasar un niño: perder a su mascota. Tenía 10 años cuando sucedió la trágica historia. Tim debía sacar a Marley a pasear, pero estaba tan embobado con los dibujos de la televisión que no fue consciente de que su pequeño amigo salía por la puerta de la cocina, la cual, a día de hoy, aún no sabe por qué estaba abierta. Se pasó todo el día buscándole por el barrio, preguntándole a los vecinos, a los desconocidos, a cualquiera que pasase por la calle. Incluso empezó a hacer unos carteles para colgar en las paredes y los postes, al igual que hacían en las películas. Aún recordaba la felicidad que sintió cuando lo oyó aullar en el jardín, llamándole.¡Menudos lagrimones se le escapaban mientras lo abrazaba! ¡Y menudos lametones le daba Marley para secárselos!

Los años pasaban y los dos amigos estaban siempre juntos. Eran buenos tiempos, los chavales aún podían correr por las calles sin miedo a ser atropellados y los juegos de indios y vaqueros o policías y ladrones predominaban los momentos de ocio de los chicos. Así que Marley se pasaba corriendo todo el día detrás de Tim. Daba igual que éste se fuera con sus amigos, o que tan sólo saliese a comprar el pan. Su fiel acompañante no le dejaba ni a sol ni a sombra. Y Tim estaba encantado, pese a que cuando jugaban al escondite, siempre era el primero en ser descubierto debido a los saltos que daba Marley siempre a su alrededor.

Menos mal que siempre estuvo a mi lado, pensaba Tim. Sobre todo aquel fatídico 13 de Diciembre, cuando ya llegaba a los 15 años. Con la rebeldía propia de la edad, Tim decidió salir al bosque pese a que sus padres se lo habían prohibido terminantemente. No sólo estaba todo nevado, sino que arreciaba una fuerte ventisca, tan propia de esas fechas, que le impedía ver nada. Cuando tropezó en el borde de un acantilado, invisible para él, pensó que era el fin. Pero por suerte Marley, siempre alerta, consiguió agarrarle fuertemente con sus dientes y sujetarle el tiempo suficiente para que pudiese volver a tierra firme.

Tantas historias, tantas aventuras, tanta diversión. Y ahora estaba ahí solo, otro 24 de Diciembre, recordando con tristeza todos esos maravillosos momentos que ya no volverían. Cada vez nevaba con más fuerza, así que se levantó para refugiarse en el calor de su hogar. En ese momento sopló un fuerte viento. Tim se dio la vuelta con una gran sonrisa en la boca. Estaba seguro que, camuflado en la ventisca, acaba de oír un ladrido. Con una lágrima cayéndole por la mejilla, miró al cielo: “Felices Fiestas para ti también, querido amigo”.

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One Response

  1. Evatomandoelsol
    21 diciembre, 2009

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