El señor Fitch – I Concurso de Cuentos


I Concurso de Cuentos El Blog de De Cabo

“Empecemos por decir que Marley había muerto. De ello no cabía la menor duda.”

Es mi frase preferida. Tal vez no sea muy brillante, ni muy ostentosa, pero siempre he tenido debilidad por esa parte del cuento. “Tan muerto como el clavo de una puerta”.

Mi abuelo fue enterrador. Mi padre montó una funeraria. Y a mí me gusta llamarme carpintero, aunque por supuesto, construir ataúdes a mano ustedes dirán que está dentro del ramo familiar, claro. De buena madera. Los hago de nogal o cedro, de wengue o pino. Mi abuelo decía que esto de la muerte es un arte, que no se puede morir de cualquier manera.

La primera vez que mi padre me pilló dentro de un ataúd, yo tenía 6 años. Era un 26 de Diciembre, lo recuerdo como si fuera ayer mismo. Mi abuelo llevaba toda la semana ordenando el armario de los barnices, tapa poros y fijadores. Mi padre haciendo inventario.
El Señor Fitch había fallecido aquella misma noche, aunque nadie se había acercado aún por el pequeño tanatorio que el ayuntamiento instalaba para estos casos cerca de la plaza. Le habían encontrado en su cama, con una sonrisa de oreja a oreja, como una estatua. El cura Don Benito certificó: “Esto no es normal, el señor Fitch nunca sonreía ¡y menos de esa manera!”.

El Señor Fitch era un personaje algo extraño. Llegó hace muchos años de los Estados Unidos, sólo, terriblemente sólo. Ni esposa ni hijos. Mi madre decía que aquel hombre no podía ser feliz, “familia unida familia feliz”, decía ella cada vez que salía el tema. Y claro, el Señor Fitch de familia tan sólo podía contar tal vez los miles de billetes que se decía tenía.

Cuando llegó el Señor Fitch, en nuestro pueblo casi nadie sabía para qué se utilizaba el Zinc y aún menos lo que era la contaminación por metales pesados. El señor Fitch dio trabajo a casi todos los hombres en edad de trabajar que no poseían tierras suficientes para vivir con tranquilidad. Les pagaba un buen salario, y todo el mundo recuerda unos años maravillosos. La mina de Zinc funcionaba a pleno rendimiento.

La verdad es que tras los primeros años, la cosa se torció como nadie lo esperaba. Augusto, el de Candilejas, fue el primero en empezar con los vómitos, siguieron las diarreas y los cólicos. El segundo fue Lucas, el hijo del herrero, que además perdió el pelo casi de un día para otro. Juanin, Pepe, Pedro, Marín. Fueron enfermando uno tras de otro. El Señor Fitch por supuesto siempre negó cualquier relación entre la mina y las enfermedades.

Uno de los que más enojado estaba era mi abuelo. Mi abuelo siempre fue muy cercano con todo el pueblo. Debido a su trabajo había desarrollado una gran habilidad para conectar con las personas, con esa parte interior que normalmente no dejamos salir fuera a menudo. Mi abuelo con tres palabras hacía que hasta el más cerrado de los del pueblo se le abrazara entre lágrimas en sus malos momentos.

Aquel 25 de Diciembre fue un día extraño, mi abuelo había estado discutiendo acaloradamente con mi padre. El día anterior había estado media tarde en el bar del pueblo hablando con varios de los trabajadores de la mina. Parece ser que el hijo de un buen amigo del abuelo había fallecido. El Señor Fitch no quería dar ni una moneda a la familia, sus tres hijos y la viuda tenían bien poco para vivir. Pero el Señor Fitch decía que los negocios nunca se deben mezclar con la amistad (al contrario que mi abuelo pensé yo).

Aquella mañana del 26 de Diciembre, mi abuelo parecía especialmente cansado. Guardó el último bote de fijador, cerró con llave la puerta y sonrió. Por la tarde, la viuda y sus tres hijos recibieron un cheque firmado por el Señor Fitch ese mismo día. Y un abogado de la ciudad llegó, con su sombrero achatado y una bufanda gris, llamando a cada puerta de cada empleado de la mina repartiendo cheques y seguros médicos.

Mi abuelo decía que esto de la muerte es un arte, que no se puede morir de cualquier manera. Que casi siempre uno se muere sin sentido, pero que hay veces, que morirse tiene más sentido que seguir vivo.

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2 Comentarios

  1. ABY
    19 diciembre, 2009
  2. Evatomandoelsol
    21 diciembre, 2009

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