Cuando la ilusión ofrece una verdad – I Concurso de Cuentos



I Concurso de Cuentos El Blog de De Cabo

“Empecemos por decir que Marley había muerto. De ello no cabía la menor duda. Los ojos de Eve se abrieron por vez primera desde que el calendario volara a pedazos, siguiendo la estela de su vida hasta ese momento, le daba los buenos días a su primer día sin Marley, sin saber en qué día de qué semana de qué mes de qué año se encontraba… Hacía frío, al posar los pies desnudos sobre la baldosa recibió el impacto de una sensación, … una real en su cuerpo, en el externo… desde que se despidió de él sólo había notado su yo interno, nada de lo que le pasara a su piel llegaba a su cerebro, o al menos no sentía constancia de ello… ojalá hubiera podido quedarse así, inerte, vegetal… En el pasillo sólo penumbras… los ventanales se mostraban reacios a dejar pasar los rayos del sol… también ellos echaban de menos a Marley… El conjunto de órganos que es de Eve se mueve con la inercia de toda una vida haciendo lo mismo, la mirada fija desvela que no está donde se encuentra, … cafetera silbante, sartén al fuego, huevos recién hechos, tortitas… y ¿para quién?… Ahí se oye la respuesta, dos pares de pequeños piececillos asoman tímidamente al suelo de la cocina, son Peter y Cloe, que se acercan despacio a su madre, agarrándose de la mano el uno al otro, y juntos la abrazan y esconden sus caritas en la embriaguez del aroma materno… Eve sólo atina a despeinarles cariñosamente y a colocarles en sus sillas para el desayuno… ni una palabra escapa de sus labios… quizás olvidó cómo articularlas… les sirve un buen desayuno, mientras ella se calienta el alma con un café bien cargado y su presencia es lo único que comparten en la sala.

Afuera nevaba…copos de nieve que hacían las delicias de niños del vecindario, motivo de alegría y juego, tan sólo separados de la tristeza y el silencio en el interior por un tabique, unos cristales cerrados y unas cortinas semicorridas…Peter y Cloe se mueven sin molestar por la casa, caminan en calcetines, se entretienen leyendo, parecen temerosos de romper el silencio que envuelve su atmósfera…Eve no siente ganas de que no sea así, respira hondo y se llena de ese silencio, de ese espesor que palpita en el ambiente… Sentada en la mecedora, el vaivén la transporta, sosiega una inquietud…

Transcurre el día igual… robóticamente casi… no suena el timbre… no suena el teléfono… sólo el pequeño crujir de la madera en su mecer sentada, … depositada sobre el asiento…

Cae la noche y los niños se acercan a ella. Buscan sus caricias y le ofrecen las suyas, suaves, susurrantes… la oscuridad se ha hecho con la casa sin que nadie opusiera resistencia dando a algún interruptor… son sólo siluetas dibujadas en una estancia a la que apenas iluminan las luces externas.

Cloe se pone de puntillas, intentando que sus ojos sobrepasen la altura de la ventana del salón. Peter la sigue, descorriendo las cortinas en el apuro del sonido provocado… temeroso de haber roto algo que ni sabía cómo llamar… algo más allá del silencio. Eve los mira, qué alto es Peter, tiene la complexión de su padre, … Marley también era un hombre espigado… lo que le daba una apariencia de eterno adolescente. Cloe se apoya en su hermano para ver mejor y Peter la sostiene, subida sobre sus pies… jugaban mucho a eso, a que Cloe subiera sobre los pies de Peter y él la hiciera danzar en círculos torpes por el pasillo… Peter era un estupendo hermano mayor, había aceptado con gusto la responsabilidad de serlo, las “pérdidas” que eso conlleva y el agrado de lo que aporta. Este pensamiento trajo un suspiro al pecho de Eve. Los mira y en ello recupera el verlos como seres reales que comparten realidad con ella, … porque ella también es real, y está ahí, como ellos. Se levanta de la mecedora, por primera vez de manera consciente y se acerca a sus hijos… y su roce se vuelve intenso, y sus manos tocan de verdad, y a su nariz llegan los aromas personales de ambos, a vida. Los mira, y ve reflejadas en sus pupilas pequeñas bolitas de colores luminiscentes que vienen de fuera, de la calle, de un pueblo que sí continúo con su calendario mientras el de ella se esfumaba, y recibió con bombillas ornamentando formas festivas la llegada del 24 de diciembre… Y entonces, el contacto de sus pequeños y la emoción en sus miradas la devolvió al correr de un almanaque… la salvó del precipicio de un no saber qué ser… porque ahora, ella lo era todo para ellos, y éste, el mejor momento para agarrarse a ello… con las esperanzas adornadas, los amargores dulcificados por turrones, y la existencia repleta de ilusión… tomar la de sus hijos como un salvavidas para ella y serlo ella para ellos. Y así, juntos, los cuatro, Eve, Peter, Cloe…y Marley, desenvuelven un paquete que esconde tener presente y futuro.

3 Comentarios

  1. Evatomandoelsol 21 diciembre, 2009
  2. Evatomandoelsol 21 diciembre, 2009
  3. JJ 24 diciembre, 2009

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