Imaginario, su blog y el desenlace de su cuento ganador


finales imaginados

Imaginario, nuestro ganador del I Concurso de Cuentos ha querido mandarnos el final de El juez de Playmobil y la princesa que dejó de querer al malo que a tantos nos dejó con la incertidumbre de su desenlace.

Pues muy amablemente nos ha enviado este final para sacarnos de dudas y además mostrarnos su nuevo proyecto de blog en el que está trabajando con ilusión y que además recomiendo visitar: Finales Imaginados. Imaginario también intentará dejarnos en la medida de lo posible alguno de sus finales para que lo publiquemos y así compartirlo en El Blog de De Cabo con vosotros.

¿Alguna vez te has parado a pensar la cantidad de historias breves y sencillas que se nos pasan al día por la cabeza? Casi cualquier pensamiento es una historia maravillosa que merece la pena ser contada.

Siempre he sido de pensamientos fugaces, y hace poco empecé a escribirlos en una pequeña libreta que llevo conmigo. De ahí pasan en casa a pequeños relatos que a mí me gusta llamar finales imaginados, historias breves que cuentan grandes cosas cotidianas. Cosas de las que somos protagonistas o cosas que los mismos protagonistas ignoran y que a nosotros nos llaman la atención.

Podría decir que el blog es una manera de compartir esas historias con mucha más gente que uno mismo, pero realmente (y para ser igual de punzante que en los relatos), la mayor parte de las veces lo que nos interesa es también (o sólo) el reconocimiento de los demás. Se dice que el mejor reconocimiento es que el que se hace uno mismo, pero soy un poco cobarde tratandose de la soledad, con lo que imaginé un blog para no estar tan solo.

Mis historias son a veces frustrantes, a veces dolorosas, a veces reconfortantes, a veces tristes, pero siempre muy emocionales. La verdad es que solo sé escribir de manera emocional, por eso suelo hacerlo con mi ipod sonando, la música me ayuda a potenciar y canalizar las ideas. Es como ser actor, te pones en la piel de otras personas, viviendo sus vidas tan solo unos minutos.

Principio y final en unas pocas lineas, a mí me gusta imaginarlo como finales. Una cuestión de elección personal. Literatura enlatada.

Con esta gran introducción os dejo con el final del cuento:

La princesa que dejó de querer a otros para quererse un poco más

Después de la muerte de Marley el pueblo nunca volvió a ser el mismo. A los pocos meses el juez Billow se mudó a otro pueblo. Ordenes de muy arriba según él. La princesa Barbie no quería usar su varita, no quería cambiarse de vestido. La princesa dejó de hacer cosas.

El desagradable olor del lavavajillas empezaba a ser perceptible nada más entrar en casa. Los cacharros sucios invadían la cocina. El lavavajillas lleno sin lavar, la pila llena, la encimera…

El teléfono fijo sonó. Luego sonó el inalámbrico. Claudia descolgó.

– Hola Carlos.
Hablaba con su ex marido casi a diario desde que se separaron hace un mes.
– No, no he tenido tiempo aún.
– No, pero te prometo que esta tarde lo busco.
– Sí, ya sé que necesitas esos papeles para los trámites.
– Yo te aviso, no te preocupes.
– Sí, claro que puedes llevarte a los niños. Ya te lo dije, sigues siendo su padre y debemos estar los dos con ellos todo el tiempo que podamos. ¿Mañana entonces?
– Intentaré tener los papeles preparados.

La princesa Barbie casi no se dejaba ver por el pueblo. Y eso que en Navidades llegaron varios vecinos nuevos. Mike, habitante del planeta 51, se había convertido en la autoridad desde que Marley nos dejó. Decía que podía hablar con Marley con su walkie de larga distancia, y todas las semanas nos contaba lo que hablaban. Rosalin, más hada que princesa pensó Mike nada más verla, era nueva, sin embargo pasaba la mayor parte del tiempo en casa de la princesa. Aunque esta no le hacía mucho caso.


Claudia cogió de nuevo el teléfono.
– ¿Lola?
– Hola soy Claudia.
– Bien, me ha llamado de nuevo.
– No, Lucas ya no me llama. Desde que Carlos se enteró nada ha vuelto a ser igual, ya te lo dije.
– Sí, parece que su traslado a Barcelona es definitivo.
– Ya, ya sé que tengo que salir, pero es que no me apetece.
– Bueno, haz lo que quieras, aquí estaré.
Colgó medio enfadada, estaba cansada de que todo el mundo le dijera lo que tenía que hacer.


Parece muy fácil, sí, salir y divertirse, eso era lo que siempre decían.

– Mamá.
Llamó Silvia.
Tengo que dejar de llamar a Lola, más que ayudar parece que no me quiere entender.
– ¡Mamá!
Claudia dio un pequeño salto del susto.
– Me duele.
Lloriqueó la pequeña señalándose el oído.
Entonces se fijó y vio todos esos mocos secos pintándole la cara cual cuadro de Picasso, a base de restregarse y restregarse con… ¡la mano llena también de mocos!. Le puso la mano en la frente, estaba ardiendo.

Claudia abrió los ojos de repente, se enderezó y fue corriendo la botiquín del comedor. Sacó el apiretal y se lo dio. La cogió suavemente entre sus brazos y la empezó a cantar como hacía cuando nació.

Claudia se miró al espejo y no se reconoció. Tenía los ojos un poco hundidos, esas ojeras típicas de su familia estaban tan acentuadas que parecían pintadas a propósito. Su bata estaba estampada con varias manchas de cocinar y  Silvia parecía casi igual de cansada que ella, también de dormir poco.

En ese momento, Claudia decidió que esto debía terminar. Le dio un beso a sus hijos en la frente, cogió una toallita y les limpió la cara. Se lavó la cara con agua tibia y sintió de nuevo que algo dentro de ella seguía brillando. Se puso la base, el corrector de ojeras, un poco de maquillaje suave, cómo a ella le ha gustado siempre. Cogió el pintalabios rojo y lo tiró a la basura, nunca le gustó.
Los tres se vistieron y se prepararon para salir a pasear.

La princesa Barbie miró por la ventana, ya no parecía tan triste pensó Mike. Encendió su propulsor magnético y de un salto se plantó en su puerta. Se quitó los guantes de patrulla y llamó. La princesa abrió con esa sonrisa que todos recordaban, pero que Mike nunca había visto en persona.

“Amor, dale sus muñecas a tu hermana, te he dicho mil veces que eres muy bruto, que al final se las vas a romper y te quedas sin cuento.

Mike siguió hablando cada semana con el espíritu de Marley. Rosalin era más de hablar con Barbie, se pasaban las horas jugando juntas. Mike era feliz viéndolas juntas, y por supuesto, con sus misiones por el espacio exterior.

Epilogo

Nunca fue un tipo increíble, de esos que destacan. De hecho siempre le costó entablar relaciones. Su madre aún le llama Carlitos. Y eso que él lo odia, pero claro es su madre.

Las escrituras de la casa, el coche, cuenta corriente, fondos, el garaje… ¿dónde está el contrato del garaje? Juraría que me lo traje también con lo demás.

– ¿Claudia?

– ¿Has podido revisar el acuerdo de divorcio que te pasé?

– Oye, por cierto, no encuentro el contrato del garaje y lo necesitamos para la documentación. ¿Sabes dónde está?

– Es urgente.

– No te olvides.

– He pensado que mañana podía ir a recoger a los niños y llevarlos a comer fuera. Sé que no te he avisado pero…

– Sí, y no te olvides del contrato…

Carlos no recuerda en qué momento la perdió. Seguramente si se acordara no habría permitido que pasara. Ella siempre tuvo el brillo que a él le faltaba, y al principio se preguntaba por qué ella salía con él. Ahora se pregunta en que momento empezó a pensar que su trabajo era su mejor aportación a la relación.

Marley cerró los ojos, y recordó aquella sonrisa que Barbie le regalaba casi a  diario.

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One Response

  1. India
    28 enero, 2010

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