La ventana de mis vecinos

– Artículo enviado por Imaginario


finales imaginados

La ventana de mis vecinos de enfrente suele estar cerrada. La persiana de la derecha ligeramente bajada. Es curioso, pero normalmente no encienden ninguna luz hasta tarde, sobre las 10 de la noche diría yo. El mueble de madera del salón es de color rojizo, cereza posiblemente, y el monitor del ordenador está demasiado cerca de la ventana para mi gusto. Quizá en unos meses se den cuenta del envejecedor efecto que ha tenido el sol.

Los domingos por la tarde son como una sesión de teatro que se repite semanalmente. A eso de las cinco el marido coge una mecedora, que coloca suavemente al lado de la ventana. Sube la persiana lo suficiente para no deslumbrarse, se sienta con calma y pone el libro sobre las piernas. Coge un estuche plateado, desenvuelve un pequeño paño y limpia sus gafas mientras ve pasar algunas personas por la ventana. No me imagino qué puede estar pensando. Se pone las gafas y se pierde en su libro.

A veces veo un niño persiguiendo a su madre, casi siempre tarde. No me extraña que lo vea siempre lloriqueando tras su madre, si tuviera algún día hijos no creo que estuviera todo el día en el trabajo, ni el padre ni la madre, abuelos – nanny. A diario yo creo que no se ven hasta que llegan a casa, previa recogida del niño en casa de lo abuelos, justo a tiempo para el baño, cena y a la cama. Ideal.

Este Sábado me ha resultado curioso. He salido a la ventana a fumar un pitillo, y al volver los ojos hacia la ventana de enfrente me he encontrado con mucho alboroto. Me imagino que aquellos mayores deben ser los abuelos, parece una fiesta. Abrazos, guiños, besos y un niño correteando de un lado a otro. Increíble, tiempo en familia, la gente no debería tener niños sin una revisión psicológica previa.

Epílogo, o lo que no se ve a través de las ventanas

Hoy no. Hoy no es un día cualquiera. Los ojos de Miguel lucen diferentes. Todo parece distinto. 4 años de sufrimiento y por fin se acabó.

Leucemia dijeron. No se preocupe, en muchas casos la cura es posible. Los niños son fuertes. Día tras día, sesión tras sesión, revisión tras revisión. Pensé que nunca llegaría el día, pensé que lo perdería. Días a la carrera, noches en vela. Espero que mis padres me lleguen a perdonar por no dejarles compartir el dolor. Suficiente dolor hemos pasado nosotros para compartirlo aún más.

Miguel no deja correr, salta encima de los abuelos, encima mia, de su padre.

No sé qué vamos a hacer tanto tiempo en casa. Jugar.

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  1. India
    6 febrero, 2010

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