Androides de cromo

El androide cromado decidió salir a la calle. Hace un tiempo se decidió dotarles de la ilusión de libertad y de un pequeño módulo pseudo aleatorio de decisión. Se había demostrado que esta sensación los hacía más eficaces y menos subceptibles a problemas para el sistema. Él sabía que sus comunicaciones eran monitorizadas por el Sistema, pero había sido programado para sentirlo como algo positivo, algo que hacía más fácil su robótica existencia.

El Sistema le avisaba de cuándo había eventos interesantes de acuerdo con los resultados en la ejecución de su algoritmo de libertad simulada, y le sugería enlazar por la red con otros androides que mostraban resultados similares. Los enlaces se categorizaban y analizaban de tal forma que se convertían en nuevos inputs para el Sistema, que de esta forma crecía exponencialmente sin afectar el desempeño de sus androides. Pero esta vez el algoritmo decidió que era el momento de salir a la calle.

Esto no era para nada algo prohibido, el Sistema lo fomentaba y su módulo de geolocalización ayudaba al Androide a encontrar los sitios que resultaban convenientes, e incluso le permitía saber dónde se encontraban androides con algoritmos afines. La solución era ingeniosa pues al permitir ésto, el Sistema conseguía conocer la localización exacta de todos sus cromados componentes sin afectar al módulo de libertad simulada.

Por el camino podía seguir produciendo para el Sistema o para sus contratas, la infraestructura y los dispositivos portátiles puestos a su servicio se lo permitían. En teoría también le permitía procesar conceptos caducos como “intimidad” o “privacidad”, pero cuando este tipo de resultados eran detectados se atajaban de forma no intrusiva, mediante la acción de androides evangelizadores y marginadores. Sin conexión y publicación de datos no era fácil conseguir una existencia que pudiera satisfacer los mínimos requeridos por los módulos de socialización instalados en cada individuo desde hacía generaciones.

Y las contratas del Sistema se beneficiaban enormemente de ello, pues podían acceder a toda la información del diseño y desempeño de cada uno de los androides. Esto permitía seleccionar de la forma más pertinente a los individuos idóneos para cada tarea, pudiendo descartar proactivamente a aquellos que se desvíen de los estándares establecidos en cada organización. Esto minimizaba los problemas, y en caso de presentarse también podía usarse como método de juicio reactivo ante una desviación de lo previsto.

Así que al cromado androide le pilló el cambio en la calle. Estaba listo para ser ejecutado. Hace tiempo que se había calculado cómo de extendido debería estar el Sistema para prescindir de ciertos módulos y comenzar con la siguiente y definitiva fase. Por fin el Sistema había alcanzado la mágica cifra de 1 seguido de 100 ceros.

Nota del Autor: Un 1 seguido de 100 se conoce como gúgol (en inglés, googol). Como curiosidad leed este texto extraído del la historia de la compañía Google:

Larry and Sergey decide that the BackRub search engine needs a new name. After some brainstorming, they go with Google—a play on the word “googol,” a mathematical term for the number represented by the numeral 1 followed by 100 zeros. The use of the term reflects their mission to organize a seemingly infinite amount of information on the web.

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