Sons of Anarchy: Moteros con causa


Desde hace un tiempo se utiliza el término “series de culto” para referirse a aquellas en las que se cuida especialmente el guión, los actores, la historia; en definitiva las que huyen de la chapuza cotidiana. Son las series que dan pie a que los críticos escriban frases impactantes: “el mejor cine que se hace hoy está en la televisión”, y como ejemplo suele ponerse “Mad men”, “The wire” o “Los soprano”. Pero no es de ellas de las que voy a hablar hoy, sino de una de aventuras donde los buenos sólo se diferencian de los demás en que son ligeramente menos malotes que el resto, total sólo trafican con armamento en lugar de heroína. Estoy hablando de “Sons of anarchy” (Hijos de la Anarquía), las historias de los moteros que llenan las carreteras en formación de ala delta, al igual que ciertas especies de aves vuelan por el cielo. En ella los códigos de fidelidad al grupo e incluso la democracia al tomar las decisiones son importantes, y la chupa de cuero con el logotipo su uniforme irreemplazable.
Cuando mi padre me habló de ella me la presentó diciendo: “Bueno, no esperes un producto delicatesen, pero te lo pasas bien” pues eso. El hecho de que esté ambientada en el oeste de EEUU quizá no sea casual pues tiene mucho de western, el cual a su vez bebe en la épica de la tragedia griega (dicho sea esto en honor a los culturetas). Como en aquél, sus personajes tienen también su código del honor y la amistad, y algunas tramas parecen basadas en dramas de Shakespeare; desde luego el personaje de la madre merecería serlo, al igual que su atormentado y guapo hijo. Junto a esos dos, el triplete central lo completa el boss, interpretado por un actor que nos sonará a peli de terror o de monstruos, pero que compone con eficacia su papel de duro entrado en años que empieza a temer por su liderazgo ante la pujanza de un joven en alza.

Bueno ¿y de qué nos habla? Pues de lo de siempre: poder, dinero, racismo, corrupción…. En ella no hay personajes angelicales, prácticamente no se salva nadie,ni siquiera el sheriff del lugar, pero pensándolo bien, ¿qué son sus delitos, motivados a medias por la amistad y el dinero, si los comparamos con las peculiares habilidades de que hace gala cualquier concejal o diputado autonómico con puesto de salida en las listas electorales?. La vida misma en el lejano oeste ¡pero si hasta tienen un experto informático!
Como todas las series divertidas puede ser algo adictiva, me refiero a esa situación que a algunos os sonará: ”joé pero si ya llevamos tres episodios”, ”vale, pero podíamos ver un cuarto ¿no?” Además ésta se nutre de pura realidad comprensible (con permiso de Chuscurro) nada de argumentos esotéricos, nada de humos negros, nada de personajes con la edad de Matusalén, historias que sólo entienden las privilegiadas mentes de sus creadores mientras los demás vociferan ”¿pero qué me estás contando?”.

La serie tiene relación con las famosas bandas de “Ángeles del infierno” que nacieron en Estados Unidos pero que luego se extendieron por otros países, incluido el nuestro. La pasión por los caballos de las películas del oeste es la misma que la que tienen los personajes de Sons por sus Harleys, las motos y la chupa-chaleco de cuero son los dos objetos fetiche. Cada una de las temporadas, y van tres, gira en torno a un tema central, mientras el resto de las tramas van siguiendo su curso. Así, nos econtramos con peleas entre bandas de orígenes étnicos diferentes, latinos, neonazis, chinos, irlandeses del IRA, negros y por último nuestros héroes, los Sons. Parece mentira que en un condado tan pequeño quepa tanta bondad.

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5 Comentarios

  1. law
    5 mayo, 2011
  2. Sentinel
    5 mayo, 2011
  3. De Cabo
    5 mayo, 2011
  4. Vaderkkap
    5 mayo, 2011
  5. Ikeisenhower
    1 julio, 2011

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