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Cuando uno va en busca de la Aurora no puede lanzarse al cuello, así, a lo bestia. Aurora es una dama que paga la paciencia, nos dijo Knut, nuestro contacto en la oficina de turismo de Tromso. Es por eso que nos lo tomamos con calma, y aprovechando que hacíamos escala en Oslo decidimos hacer noche y dedicar un día a visitar esta ciudad, una de las más caras del mundo, os-lo juro por Snoopy.

El temporal de nieve, que nos acompañaría la mayor parte de este viaje, fue sin duda lo más destacado de nuestra visita a la capital de Noruega. Y un arma de doble filo, por un lado molesta a la hora de hacer fotos y visitar espacios al aire libre, por otro lado el merengue que impregnaba de dulzura y belleza cada escena de esta ciudad…. Y nos íbamos a empachar.


castillo

El tiempo, el meteorológico y el del reloj, me impide hablar con rotundidad de Oslo. Apenas pudimos saborearla. Por la mañana, aún sin estar acostumbrados a convivir con la nieve, decidimos visitar uno de los muchos museos que alberga esta ciudad. Y estando en Escandinavia que podía ser más característico que un museo vikingo. Lejos de ser un parque temático, es básicamente una colección de restos arqueológicos donde cabe destacar tres barcos de la época que conservan el casco en un estado decente y poco más.

Después fuimos al centro, empezamos por la catedral, muy bonita con sus plásticos por encima y sus andamios, y seguimos nuestro paseo hasta el puerto y el castillo. Supongo que Oslo en verano con su verde vegetación y su espectacular paisaje marítimo, pero desde luego no puedo dejar recomendar el paisaje nevado (hablamos de un metro de nieve, eh) del castillo que parecía sacado de un cuento de navidad. Y esos barcos flotando en agua de mar… congelada, que conferían sin duda al puerto un aspecto surrealista y a la vez hermoso.


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La nieve arreció hasta convertirse en molesta y después de un alto para comer y una visita al 34th, un bar de moda situado precisamente en la plata treinta y cuatro del hotel Radisson (el edificio mas alto de la ciudad), sólo dimos un pequeño paseo por una de sus arterias principales que es peatonal. Mezcla del estilo anglosajón y del centroeuropeo, Oslo es una ciudad con encanto, aunque no la definiría como un destino imprescindible.

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Nos faltó, visitar el parque Vigeland con sus famosas esculturas, pero lo dejamos para otra ocasión cuando pasemos por allí de visita a los fiordos … porque a pesar de la belleza que la nieve confería a la ciudad. La capital noruega es más una ciudad de paso, que un destino final para un turista.

Y después de este impasse en la gran ciudad, continuamos nuestra búsqueda de la aurora boreal, ¿de esto trataba esto, no?. Desde Oslo nos dirigimos a la que iba a ser nuestra base de operaciones: Tromso.

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Tromso, es la ciudad más grande dentro del circulo polar ártico. Para los que ignoren su situación geográfica respecto a otros destinos polares (como yo hacía hasta que hace unos días la situé exactamente gracias a un mapa que incluye latitudes de esos que vienen en las revistas del avión), Tromso está tan al norte como el norte de Alaska, tan al norte como el centro de Groenlandia, y para mí sorpresa, mucho más al norte de Islandia. En fin, en el quinto pino tirando “to pa arriba”.

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Tromso se caracteriza también por el gran avistamiento de auroras boreales en sus alrededores y por eso la elegimos.

Quién se imagine una pequeña villa de pescadores … que no se equivoque. Tromso tiene su aeropuerto, sus tiendas de souvenirs, sus hoteles…. Pero, eso sí, dentro de una acogedora y pequeña población. Tromso es también una pequeña isla, con unos 5000 habitantes, aunque en el centro urbano, donde nosotros nos alojamos no creo que lleguen a los veinte mil.

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En fin, tras este batiburrillo de datos aburridos, iré al grano. Tromso nos encantó. Con sus montañas nevadas que nacen desde la orilla del mar, con sus casas de colores, con sus barcos anclados en el puerto, con sus fiordos en los alrededores… y con sus batallas campales a bolazo vivo… nos hizo sentirnos como en casa.

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Para nuestra desgracia el pronóstico del tiempo no acompañaba: leves nevadas para los cuatro días que iba a durar nuestra estancia. La noche más despejada… y por tanto, la que a priori tenía más posibilidades de permitirnos el avistamiento de la aurora boreal, era la de nuestra llegada. Así que raudos y veloces nos apresuramos a reservar sitio en alguna excursión que nos sacará a las afueras, a algún lugar donde poder verla con claridad…. Las cosas no pintaban bien, pero después de haber recorridos tantos kilómetros no íbamos a rendirnos fácilmente. Aurora paga a los pacientes, nos dijeron… si esto es cierto, lo sabréis en el próximo capítulo ;)

Publicado por Chuscurro

Me gusta el humor y si es surrealista, mucho mejor. De pequeño soñaba con ser albondiguero, pero como los oficios tan especializados tienen poca salida en época de crisis, me tengo que conformar con ser bloguero con gorro de cocinero. Sígueme @chuscurro

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4 comentarios

  1. Moooola, yo me quedé enamorado de Finlandia, pero claro fui en verano. De todas formas después del invierno que hemos tenido no creo que a un madrileño le pille por sorpresa eso de la nieve ¿no?

    Quedo a la espera de la siguiente entrega para ver si la dama os pagó o no…

  2. Hola!

    Dentro de dos semanas me dispongo a hacer practicamente el mismo viaje, estoy de erasmus en Turku, Finlandia y el plan es is a Oslo (ryanair), un dia de visita, y luego tromso 3 dias. Me gustaria saber donde os alojasteis y los precios de las excursiones, si te acuerdas, cosas que hacer…vamos, un poco de todo! :) Si me pudieras mandar un correo con la informacion te lo agradeceria muchiiisimo:)

    Gracias!

    Cova

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