En busca de la aurora boreal III: Los Fruitis, la moto come-árboles y el perro de Satán



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Tras un título tan prosaico, me voy a permitir citar ahora una frase de Eduardo Galeano: “La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar”

Traduciendo esto a lo que aquí se cuece, diríamos que cuando sales en busca de la aurora boreal, a veces lo más importante no es encontrarla, sino lo que disfrutas por el camino. Y nosotros la aurora boreal no sé si la alcanzamos pero el camino recorrido mereció la pena…

Empezaré quizás por lo menos divertido, vamos, la excursión más sosa pero a costa de la cual nos seguimos echando risas. Al llegar a Tromso el domingo por la tarde y visto que el tiempo daba esa noche como la más probable para ver la aurora boreal contratamos una excursión de las tranquilas de esas que te llevan a un sitio alejado de las luces de la ciudad y con buenas vistas del horizonte: El Friluftsenter o “Los Fruitis” a partir de ahora, fue el elegido por nosotros.

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En resumen, un sitio donde si pagabas un extra te ponían un guiso de patata en un plato de plástico (por suerte no lo pagamos), y si no te ponían un café que te servías tu mismo mientras te sentabas en una cabaña tipo sami a esperar a que a la aurora le diera por aparecer. Si la aurora aparece supongo que compensa. Pero si no… y ese amigos fue nuestro caso…. No se lo curran nada. Estábamos allí sentados entre extraños hablando del tiempo por hablar de algo, era como ir en ascensor durante dos horas…
Además la cosa empezó con “ el cielo se puede despejar en cualquier momento y aparecer la aurora” y terminó con un “este es el peor año de avistamiento de auroras desde el 1930”. Por cierto, para quién le pueda interesar nos dijeron que el 2012 será un buen año… aunque para fiarse de los Fruitis.

Lo mejor es que como íbamos 6 amigos nos estuvimos echando unas risas a costa de lo patético de la excursión, que había cuatro renos con aspecto mal nutrido con los que nos hicimos fotos, y que estaba al lado del mar, lo que nos hizo experimentar la experiencia surrealista de caminar a oscuras sobre una capa de nieve de un metro, para acabar terminando en arena de playa, era como vivir dentro de un sueño. Moraleja, si venís a Tromso pasar de los Fruitis. Pillar el autobús 20 que os lleva al jardín botánico en las afueras, y desde allí (dicen porque no fuimos) hay iguales vistas y probabilidades de ver la aurora (y mucho más barato, claro)

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Las otras experiencias fueron mucho mejores: motos de nieve y trineos de perros por los montes en Lyngen, donde montañas alpinas se juntan con los fiordos, como reza la publicidad de allí.

La experiencia con las motos no empezó bien. Chuscurra entro en modo pánico al ver que tras un curso de un minuto en la oscuridad me daban el control de una moto de nieve a mí que no he conducido una de asfalto en mi vida. No le faltaba razón a los cinco minutos me salía del camino, y a los seis me comía un árbol con patatas en uno de esos errores triviales que consisten en acelerar cuando tienes que frenar. Tranquilos no hubo víctimas, ni siquiera el árbol…. Si acaso mi ego.

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A partir de ahí todo mejor, Chuscurra se va con el guía para minimizar número de posibles víctimas, y yo más concentrado sin los gritos de pánico voy mejorando poco a poco mi conducción. Y a disfrutar. Una experiencia del todo recomendable, una pasada. Hubo momentos al acercarnos a la parte más alta de la montaña, en los que sorprendidos por una ventisca de nieve sólo se podía ver una diminuta luz roja de la moto que te precedía y en los que te sentías como en un videojuego, sólo falto un oso polar sobre dos patas en medio del camino… por suerte, no salió porque sólo me quedaba una vida.

El recorrido por montañas se hace a una velocidad entre 25 y 45 kilómetros por hora, salvo en la única parte totalmente llana: un lago helado… por supuesto de noche, y con conocimientos cero de la zona, no hubiéramos sabido que estábamos sobre un lago helado, si no nos lo cuenta el guía. Sobre el lago se podía hacer el cabra y poner la moto hasta los 80 km/h… aunque tras mi experiencia con el árbol yo me corte, mi cupo de jaimitadas estaba cubierto.

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Lo de los trineos de perros parecía una experiencia más tranquila, que afortunadamente hicimos por el día.
De tranquila nada.

Estos perros viven para correr y antes de salir están sobre excitados. Cuando el guía me dijo que tenía que ir y ponerme delante de mis perros para controlarlos me sonó a cachondeo… Eran fieras adrenalíticas con dientes de punta. Como iba bastante forrado de ropa por el tema del frío, me la jugué porque la única parte mordible de mi anatomía era la cara y les pillaba muy arriba.

Tras hacerme con el control de mis perros, quitamos el ancla al trineo y a comenzar la aventura. Lo cierto es que estos perros son muy dominantes pero sobre todo con otros perros. Por eso, cuando llevamos un minuto de recorrido y con la adrenalina todavía a tope sucedió algo sorprendente. Mientras uno de los perros intenta mear sobre la marcha, cual Perico Delgado subiendo Alpe d’Huez, otro, el del medio, le ve….. y se le lanza al cuello como poseído por el diablo. Salto de mi trineo pero poco puedo hacer. Llegan dos guías y les cogen por la mandíbula. Nosotros mirábamos con horror sintiendo que la sangre iba a correr de un momento a otro… pero por suerte y tras varios minutos consiguieron separarlos sin que hubiera víctima alguna ni milagrosamente heridas.

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Una vez a los perros se les pasa el calentón inicial, te puedes relajar y se disfruta de la experiencia haciendo incluso fotos desde el trineo… con un día más claro que el nuestro las vistas deben ser aún más espectaculares. En fin, que pese al susto inicial es recomendable 100%, eso si con cuidadín. Por ejemplo, en la última parte del recorrido Chuscurra salió del trineo durante un parón (siempre que se frena por lo que sea hay que moverse a controlar a tus perros), se hundió en la nieve junto a los perros y estos pensando que estaba jugando se lanzaron sobre ella… a jugar, aunque las marcas de sus colmillos permanecen aún en el gorro que le arrebataron de la cabeza. Por suerte por aquella época los perros ya me aceptaban como su amo y me costo poco controlarlos…

En fin que persiguiendo nuestra utopía de la aurora boreal nos llevamos por el camino risas, emociones, bellos paisajes, anecdotas inolvidables, árboles plantados en el sitio incorrecto y un montón de recuerdos para siempre. ¿Y nuestra utopía? ¿Aurora?…. Eso lo dejo para el último capítulo que os aseguro será el próximo…

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5 Comentarios

  1. De Cabo
    1 marzo, 2009
  2. vaderkkap
    1 marzo, 2009
  3. Agote
    30 septiembre, 2010
  4. chuscurro
    30 septiembre, 2010
  5. Agote
    1 octubre, 2010

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