Buceando en el Mar Rojo I. Entre Corales

Hola chicos!! Tras unas vacaciones de Semana Santa que me han dejado completamente nueva y con las pilas cargadas, voy a posponer por unos días mi siguiente crítica literaria y hoy os hablaré precisamente de eso: mis vacaciones de Semana Santa y concretamente de otra de mis pasiones además de los libros, el buceo. Particularmente, del buceo que se puede realizar a lo largo de la llamada Ruta Norte del Mar Rojo, que comprende los alrededores de la península del Sinaí.
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Quien sabe, quizá después de leer esto, a alguien le pique la curiosidad por iniciarse en este fascinante deporte en el cuál, paradójicamente, cuánto menos te mueves, mejor buceas (menos gasto energético y por tanto, menos aire consumido).

Armados con nuestros pesados maletones con los equipos de buceo, el pasado día 4 de abril un grupo de amiguetes buceadores tomamos un avión hacia El Cairo a las 4 de la mañana (sí, habéis leído bien, yo tampoco creía que hubiera vuelos a esas horas indecentes). Después de unas 4 horitas de sueño agitado en los cómodos asientos de turista, aterrizamos en El Cairo a las 9 de la mañana, con la intención de ir a visitar las Pirámides y la ciudad (unos) o de ir a dormir al hotel (otros, los más afortunados, que ya habíamos hecho la visita en otra ocasión) . Ir a visitar Las Pirámides después de haber dormido 4 horas escasas en un avión es una experiencia inolvidable, creedme.

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Total, que esa misma noche a las 10 y media, tomamos otro avión que nos llevaría a Sharm El Sheik, ciudad turística al sur de la Península del Sinaí y centro neurálgico para los buceadores. Está siempre a rebosar de extranjeros, sobre todo ingleses y rusos; y es el punto de partida de la mayoría de los cruceros temáticos de “buceo vida a bordo”; modalidad que consiste en lo siguiente: embarcas en Sharm, te quitas tus zapatos y tu ropa de persona adulta insertada en la sociedad y durante 6 días vas por ahí descalzo y en paños menores; o como mucho embutido en un extraño traje de neopreno que recuerda a los de los Teletubbies; recorriendo con el barco los mejores puntos de inmersión de los alrededores, buceando 4 veces al día y perreando al sol en cubierta el resto del tiempo que no estás durmiendo o poniéndote hasta arriba de las deliciosas comidas árabes que dan en el barco. Suena bien, verdad?

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Al día siguiente por la mañana, después de recuperarnos del viaje, bajamos a hacer nuestra primera inmersión. La exuberante vida y la visibilidad que ofrecen las aguas del Mar Rojo tal como podéis ver en las fotos que ilustran este artículo (cortesía de uno de los compañeros del viaje); hacen que sea uno de los destinos preferidos por los buceadores de todo el mundo. La primera inmersión se realiza siempre en un sitio tranquilo y cercano a la costa, para comprobar los diferentes niveles de la gente, acostumbrarte de nuevo a montar y llevar el equipo y sobre todo para establecer cuántos kilos de plomo te vas a tener que colgar de la cintura para poder sumergirte. Cuánto más grueso sea tu traje de neopreno, más tenderás a flotar y más kilos te tendrás que colocar. En el Mar Rojo además, el agua es muy salada, lo cual contribuye aún más a la flotabilidad.

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La primera inmersión fue estupendamente; y pronto partimos hacia nuestro siguiente destino. ¿Qué secretos guardarían para nosotros las cristalinas aguas? ¿Qué imágenes impactantes conseguiríamos registrar para la posteridad? ¿Quizá tesoros en barcos hundidos, quizá criaturas fantásticas? Lo averiguaréis en unos pocos días en la segunda parte de este diario de viaje. Mientras tanto, os dejo con unos corales y lo que se esconde en ellos…

morena

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6 Comentarios

  1. De Cabo
    16 Abril, 2009
  2. vaderkkap
    17 Abril, 2009
  3. luismi
    17 Abril, 2009
  4. Bichomalo
    17 Abril, 2009
  5. Stackhouse
    17 Abril, 2009
  6. vaderkkap
    17 Abril, 2009

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