Viaje a Sao Paulo – Día largo y algunos mitos caídos

Buenas noches a tod@s,

rompo este largo silencio en el blog, que obedecía principalmente a una crisis creativa, para daros cuenta (a aquellos que estéis interesados) de mis batallitas por Sao Paulo, donde me encuentro desde la mañana del domingo 20 de septiembre.

Giselle Bündchen sobre un corcel blanco

Giselle Bündchen sobre un corcel blanco

Voy a estar un periodo de dos semanas por motivos de trabajo así que en el tiempo que me quede libre iré a visitar la ciudad y después compartiré con vosotros mis andanzas.

Así que no me enrollo más y os cuento lo que ha dado de sí este laaaaaargo día que aún no ha terminado.
Espero no aburrios porque todavía no tengo fotos para ilustrar los artículos y hoy me encuentro con ganas de darlo todo ;-) Os anticipo que el post es larguito, debo justificar mis dietas del blog de alguna forma (esa es buena ¿eh? Mr.)

Partí anoche a las 00:10 horas de Barajas con rumbo al aeropuerto de Guarulhos, localidad situada a unos 30 km de Sao Paulo. Y se volvió a cumplir una tradición curiosa, el pasajero que se sentó a mi lado sin que yo mediase palabra y con la excusa del libro que yo iba leyendo como tema para entablar conversación, se puso a charlar conmigo durante más de una hora larga. Resultó ser un simpático brasileño trabajador de Teléfonica que me anotó en la libreta que viaja conmigo las recomendaciones de los mejores sitios para comer y tomar algo de la ciudad. Todo un lujo, la verdad.

Como aún es pronto para hacer cualquier valoración, os prometo que cuando visite algunos de estos sitios y compruebe por mi mismo que merecen la mena, publicaré la lista de todos ellos en un futuro post.

Después de la charla con el improvisado guía de viaje, me puse una facilona comedia romántica de Sandra Bullock (“The Proposal”) y cuando concluyó, mantita y a dormirla hasta la 5 y pico de la mañana hora local de Sao Paulo. Desperté para apenas desayunar y tomar tierra brasileña al poco tiempo.

El aeropuerto nos recibió con colas interminables para pasar los dos controles aduaneros, primero el del pasaporte, después recoger mi maleta de manera milgrosa de un caos de equipaje sacado fuera de la cinta y finalmente el control de equipajes.

Pasados los tediosos trámites que cada día le quitan más a uno las ganas de viajar en avión (¿Para cuándo el AVE Madrid-Sudamérica?), el amable chófer que vino a buscarme me dejó en el hotel en el que me alojo situado en la tranquila zona de Itaim.

Como todavía eran apenas las 8 de la mañana tomé una relajante ducha y desayuné de nuevo (me sorprendí a mí mismo tomando fruta que estaba riquísima, por cierto). A continuación, y con el típico mapa de recepción en la mano (con la clásica marca a boli de dónde está uno garabateada en el primer segundo por el recepcionista), me dirigí a pasear por la zona.

Me llamó la atención las construcciones, que en esta zona abundan en forma de lujosas torres con escasos portales por cada planta. Los tendidos eléctricos y el cableado en general me recuerdan a cuando estuve en Bangkok, caótico pero curioso.

Al poco rato de ir caminando alegremente, vi una iglesia de la que aún no tengo claro si era católica, evangelista o vaya usted a saber, pero el caso es que estaba abierta de par en par. Y yo no sé si fue por el jet lag, la misa televisada que estuve viendo de refilón en las colas del aeropuerto o simplemente porque recordé la recomendación de mi amigo holala, pero el caso es que termine guiando mis pasos al interior de la casa de Jesús (me refiero al genuino, no a Chuscurro que también es genuino pero con otro estilo). Así pues, tuve mi momento místico, mientras escuchaba discretamente las evoluciones del coro y la orquesta de la iglesia, un feligrés aparecido de la nada me enchufó un libro con las canciones en perfecto portugués y me animó a que entonara la número 4.2 que estaba ya comenzando. Y allí que me puse durante un rato hasta que llegó el momento de la oración momento en el que hice un moonwalker y dejando el fantástico libro en la entrada salí de allí como alma que lleva el diablo – quiero decir – El Señor.

Como tenía dos desayunos que bajar decidí ir andando a la Avenida Paulista pero antes de hacerlo una vagabunda se acercó a mí para pedirme dinero. Mis educadas justificaciones para explicarle que no tenía dinero dieron como resultado otro momento místico de conversación con la señora sobre los beneficios de tener amor frente al dinero y como El Señor con su amor todo lo puede. Aguanté el tipo como pude aunque sí es cierto que la mujer fue agradable en todo momento, y temiendo encontrarme con Su Santidad Ratzinger Z a la vuelta de la esquina, aligeré el paso hacia mi próximo destino.

Aunque tenía el mapa conmigo y como bien dice Warning que me ha rebautizado como Ryoga no sabía muy bien calcular la distancia andando hasta la avenida paulista. Así que esta vez una joven que resultó ser mitad estadounidense mitad brasileña se prestó a darme todo tipo de indicaciones.

Algo más relajado por la naturaleza terrenal de mi último encuentro, fui caminando hacia la avenida Paulista por la avenida Brigadeiro Luis Antonio, que está repleta de clínicas con aspecto lujoso y bellas viviendas y que posee un hotel cuyo edificio despertó mi curiosidad para que entrase en él. Se trata del Hotel Unique un exclusivo alojamiento en el que veo difícil que pase noche a tenor de sus elevados precios.

Todavía sin alcanzar mi objetivo, me vi forzado a desviarme para observar la Marathon organizada por el Grupo Pâo de Açúcar en el enorme parque de Ibirapuera.

Después de ver que l@s brasileñ@s no tienen cuerpos tan esculturales como tendemos a mitificar los europeos y tras echar cautelosamente por tierra la supuesta inseguridad de Sao Paulo con la que casi todo el mundo me ha machacado antes de comenzar el viaje (agradezco la preocupación, no obstante), llegué por fin a la Avenida Paulista. Intenté y conseguí finalmente, tras varios bancos fallidos, sacar reales con mi tarjeta de débito española adherida a una red de cajeros que ni siquiera el Banco Santander tran presente por estas latitudes, admite.

Por último tratando de evitar comer en los restaurantes ubicados en el centro comercial Galería Paulista, busqué un restaurante en una calle paralela a la avenida y acabé disfrutando de un buffett que tenía más variedad y cantidad de la que mi organismo que ya empezaba a acusar los desajustes horarios, podía asimilar.

Y esto es lo que ha dado de sí de momento el día de hoy, son las 23:24 h de Madrid, 5 horas menos aquí en Sao Paulo. Espero que no os haya aburrido soberanamente la crónica y procuraré ser más conciso y aportar imágenes ilustrativas para las próximas entregas.

Disculpad las posibles faltas ortográficas, errores gramaticales o pesadez de ideas, estoy ahora mismo con un agotamiento mental que os pido vuestra comprensión. Aún así, la actualidad manda ;-)

Post-datas:

@Ojo de Sauron, échale un vistazo y maquea lo que juzgues oportuno.
@Miembros, colaboradores-as, becarios-as, os echo de menos.
@Lectores-as, seguid pegados al blog, vosotr@s sois quiénes hacen posible que después de un día tan largo a uno le sigan quedando ganas de escribir.

¡Seguiremos informando!

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5 Comentarios

  1. De Cabo
    21 septiembre, 2009
  2. holala
    21 septiembre, 2009
  3. Stackhouse
    22 septiembre, 2009
  4. Ikeisenhower
    23 septiembre, 2009
  5. Dwarning
    23 septiembre, 2009

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