Viaje a los fiordos noruegos II : El Púlpito (Preikestolen), el pedrolo (Kjeragbolten) y otros parajes para morirse (Vayalechen)


Definitivamente nos hemos ganado el sueldo este mes… y la paga extra. Hacer dos horas de dura escalada tiene un pase, subirse a una piedra suspendida a 900 metros de altura es digno de sobresueldo, ponernos la camiseta del blog sobre la que llevábamos puesta sin importarnos remarcar el michelo en nuestra futura foto del perfil de Facebook…. No tiene precio.

Bueno, dejemos nuestra superficialidad aparte… y centrémonos en esta última etapa del viaje, y segundo post de la serie dedicada a los fiordos noruegos.

Llegamos a Stavanger un viernes a las 13:00 h, nos íbamos en la madrugada del domingo. Teníamos menos de 48 horas y dos objetivos: Preikestolen y Kjeragbolten. La longitud del día en el verano noruego y nuestra tenacidad nos ayudarían a conseguirlos.

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El Púlpito es sin duda la atracción natural más visitada de la zona. Su cercanía a Stavanger (45 minutos en trasporte público) y la supuesta asequibilidad de su subida son razones de peso, aunque sin duda la belleza de sus vistas es la que nos lleva a todos hasta allí arriba.

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En nuestro caso fue una fortuna llegar tarde, pero imagino que en hora punta la masificación le resta todo el atractivo. No obstante aquello no era el desierto precisamente, nos cruzamos con mucho tráfico de bajada, excursiones españolas por doquier, niño, abuela y tartera incluida. Pero que esto no os engañe, subir al Preikestolen no es un paseo de dos horas por el Retiro. Son dos horas de subida seguidas, sobre rocas que pondrán a prueba tus tobillos y rodillas.

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Unas buenas botas y un bastón son más que recomendables. La primera parte y la última están llenas de buenas vistas, pero el tramo central del recorrido se hace largo. Aunque merece la pena cansarse para disfrutar con más placer si cabe las vistas sobre el fiordo de Lyse. Luego por supuesto las fotos, donde vuestro valor ( o inconsciencia) será el único que decida como de cerca queréis asomaros al precipicio. Dado que aquello era el Púlpito yo opté (como la mayoría) por la posición del misionero arrastrado: Me acerqué boca abajo casi reptando por el suelo y luego asomando los ojillos con mucho cuidado, no vaya a ser que la fuerza de la gravedad me los sacase de sus órbitas. La mezcla de belleza y vértigo hacen altamente recomendable esta experiencia. Eso sí, recordar subir muy temprano o muy tarde si no queréis sentiros como en el atasco de camino al trabajo.

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Kjerag se encuentra más lejos, dos horas y pico de coche, con lo cual había que madrugar a tope al día siguiente. Entre eso y la dureza de la subida que nos íbamos a encontrar, se rajó la mitad de nuestra expedición. Por cierto ir hasta allí en transporte público es posible, pero bastante caro y limita mucho tu libertad para disfrutar del lugar.

Al llegar allí nos encontramos con el mapa del recorrido y la seguridad de que no iba a ser fácil. Subidas y bajadas continuas de gran porcentaje. Yo que ya no soy un gran deportista, puedo decir que es la paliza física más grande que me he dado en mucho tiempo. Por supuesto hay que ir bien equipados (bebida y comida incluidos). Son 12 kilómetros en total, teóricamente dos horas y media de ida, y otras tantas de vuelta … aunque a nosotros nos llevó algo menos.

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Las vistas son espectaculares en gran parte del recorrido, aunque en mi caso tengo que decir que a la ida iba tan destrozado que no veía más allá de los doloridos dedos de los pies que se empeñaban en golpearse contra las botas en cada empinado tramo de bajada.

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Mi error fue empezar con mucha fuerza la primera subida de un kilómetro con unos porcentajes de desnivel impresionantes. Aquí y en gran parte del recorrido hay tramos con cadenas que ayudan a no despeñarse. Hay grandes tramos sobre rocas lisas, lo que hace desaconsejable esta experiencia con lluvia (algo nada difícil en Noruega).

La parte más alta de la subida, Kjerag, se utiliza para hacer saltos base, aunque nosotros íbamos centrados en nuestro objetivo: el pedrolo y ni siquiera reparamos en la posibilidad de pasarnos por allí. Ese pedrolo que un día vimos en el video de Where the hell is Matt, ese que ilustra ahora los catálogos de turismo noruego, ese que casi acaba con mi salud en la dura subida, ese que quería que ilustrase mi perfil de Facebook.

Kjeragbolten, así le llaman por aquellas tierras, es una roca arrastrada por el glaciar que se quedo enganchada entre dos riscos. Debajo, 900 metros de caída. Y por si alguno se lo pregunta todavía… sí, acojona y mucho.

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Call me Ishmael estaba decidido, y yo cagado. Pero, qué narices, después de la paliza que me había dado no podía rajarme, aunque haber muerto por tener una buena foto en el perfil de Facebook hubiera sido humillante. Así que hice algo que de vez en cuando no viene mal… no pensar para disfrutar… y, sobre todo, no mirar para abajo. Sólo cuando llevaba diez segundos sobre la piedra noté que me flaqueaban las piernas y decidí que ya había cumplido. Hubiera sido bonito hacernos una foto los dos juntos en homenaje al blog, pero ese tipo de aventuras se las dejamos a Indiana Jones, de cuya peli parecía sacada nuestra roca amiga.

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El quid del asunto es un paso largo o pequeño salto, y la superficie de apoyo en el pedrolo podría alojar tres o cuatro personas, pero vamos estás literalmente a un paso de pegarte la leche de tu vida, la última … concretamente. Así que hacer el tonto allí, lo justo.

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Si tienes un vértigo mortal, si crees que no te vas a atrever, o si no disfrutas con el hiking… no es recomendable subir. En cualquier otro caso…. Hazlo.

Y así acaba este capítulo, en el siguiente prometo paz y sosiego, pero no os preocupéis. Hay más turismo de aventura para cobardes a lo largo del viaje.

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3 Comentarios

  1. Call me Ishmael
    4 agosto, 2010
  2. Indiando
    4 agosto, 2010
  3. Mercedes
    17 abril, 2011

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