5 días en Pekín


Los precedentes no habían sido muy halagüeños: esguince de tobillo con férula incluida, vuelo de Pekín a Seúl cancelado sin previo aviso y nube radioactiva de Fukushima acercándose a la zona.

Cuando el taxista del aeropuerto señaló con la uña de diez centímetros de su dedo meñique el papel donde llevábamos escrito en chino la dirección del hotel, se rascó la cabeza con su largo garfio de queratina en claro gesto de ignorancia absoluta y nos preguntó con toda naturalidad algo en mandarín repetidas veces, pensamos que las cosas no irían a mejor.

Una hora y diez vueltas a la manzana del hotel después, llegamos a nuestro destino y nos comunicamos con el taxista en un lenguaje que comprendió: le premiamos por una cerrada ovación por haber conseguido alcanzar la meta. No escatimamos vítores y aplausos. Le dimos propina aunque, a riesgo de contraer el tétanos al contacto con su zarpa, no le dimos la mano. Bienvenidos a Pekín.

Pekín es caótico y mágico. Ininteligible y lleno de significado. Comunista y consumista… esto último sólo para unos cuantos afortunados. Ciudad de contrastes sin duda. En mi caso tenía el añadido de ser el primer sitio que visitaba en Asia, y además el primer lugar donde nadie me entendía, ni en inglés ni en español ni haciendo gala de esa mímica que tantas partidas de Party & Co me había hecho ganar.

Había oído que los chinos eran poco simpáticos, pero si tú eres amable ellos lo son también, es sólo que de primeras les da miedo comunicarse con los “ojos redondos” y sus incomprensibles idiomas. Esto del idioma que a primera vista pudiera parecer un problema, sería la fuente de los mejores momentos de diversión, como el del primer taxista. Afortunadamente su uña larga no era una tendencia en el sector, sino una decisión estética muy personal.

Centrándonos en la ciudad, lo primero que tengo que decir es que los cinco días que estuvimos allí nos quedaron muy justos. Para aquel que se esté planteando visitar este destino le recomendaría que reservara una semana… a no ser que sea capaz de resistirse al influjo de las copias en el Silk Market. Allí sí que hablan idiomas, incluso bailarían flamenco si con ello pudieran conseguir una venta. Pero te gusten o no las compras, te apetezca regalar copias exactas o no, sinceramente creo que es una experiencia que uno no se debe perder. Desgasta pero divierte. Tened en cuenta que el precio de salida suele ser unas diez veces superior al que puedas obtener. Es todo un teatrillo de insultos y cabreos, que queda en buen rollo, halagos y apretones de manos una vez se alcanza un acuerdo por el precio. Si fuera director de cine reclutaría allí actores para mi próxima película.

Ahí va mi propuesta de recorrido, no el que hicimos, sino el que recomendaría hacer después de haber estado allí.

Día 1: Plaza de Tiananmen, Ciudad Prohibida, Colina del Carbón.
Día 2 : Beihai Park, Torres de la Campana y el Tambor, Palacio del Principe Gong y los Hutones (callejones no hutones verbeneros) del Shishahai.
Día 3: Gran muralla china y Tumbas Ming (opcional: pasar a la vuelta por el parque olímpico)
Día 4: Templo del cielo, Templo de Confucio, Templo de los Lamas
Día 5: Mercado de la Seda and The Place.
Día 6: Palacio de Verano. Quianmen Street y Gran Teatro Nacional.
Día 7: Vive la ciudad con tranquilidad.

Ahora que ya tienes mi sugerencia para tu viaje, deja que te siga contando el nuestro. Eso sí, será en un próximo capítulo.

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