Pekín básico.


Llegó el momento de recorrer Pekín. Cogemos la máquina de fotos y nos decidimos a elegir medio de trasporte. El taxi sale bastante económico y era nuestra opción por defecto, pero tiene unos cuantos inconvenientes, a saber: el tráfico caótico y constante de la capital de China, escasean de noche y te intentaran triplicar (regateo mediante) el precio (aunque seguirá siendo pagable), y si tienes que competir por ellos normalmente no les hace gracia coger extranjeros y los locales son unos aguilillas…. El hecho que no sepan decir ni una palabra en inglés también influye. Si te decides por esta opción, no olvides llevar escrito en chino el lugar al que quieres que te lleve.

El metro es moderno y fácil de comprender, seguramente renovado para los olimpiadas del 2008. Si está cerca de tu hotel y de tu destino, altamente recomendable. Por último están las bicis. Si eres capaz de montar con armadura o no temes morir es una opción válida. En China los coches tienen preferencia sobre bicis y peatones… y la ejercen. El rickshaw es la alternativa comodona al pedaleo, pero sólo en zonas turísticas muy acotadas y, por supuesto, regateando la tarifa.

Para no extenderme demasiado recorreremos lo imprescindible, empezando por la plaza de Tiananmen. En la misma plaza encontrarás Quianmen que es una de las puertas que sobreviven de la muralla de la ciudad, el mausoleo de Mao y sus grandes colas de turistas chinos, varios edificios oficiales de estética comunista y, por supuesto, la Cuidad Prohibida, a estas alturas el nombre suena a cachondeo porque allí entra hasta el Tato (Tao-to en chino). Un poco más oculto, en los alrededores está el teatro nacional, un edificio moderno que merece la pena visitar.

La mayor parte de nuestro tiempo lo dedicamos a la Ciudad Prohibida. Mao nos recibe en la puerta principal con dos cartelitos que dicen: “Larga vida a la gente de la República China” y “Larga vida a la unidad de los pueblos del mundo”. En el interior las distintas estancias a las que vas accediendo a través de diferentes puertas. Al principio te encantan, después te empapan de toda la historia que contienen… y cuando el cansancio se va acumulando en tus piernas…. Se te hacen pesadas porque todas las estancias se parecen. Te sientes como el Superagente 86 teniendo que sortear tropecientas puertas para acceder a los cuarteles del Control.

En la parte final hay una zona un poco distinta con lagos que te sacará de la monotonía. Si estás en forma, al salir puedes cruzar la calle e iniciar la subida a la Colina del Carbón. Una colina artificial donde desde lo alto se pueden contemplar la Ciudad Prohibida al completo.

El otro imprescindible de Pekín es La Gran Muralla. Se pueden visitar distintos tramos aunque el más turístico a unos 80 km de la capital y también el más recomendado es Badaling. Para ir allí hay autobuses públicos, pero teniendo en cuenta los precios es casi mejor buscarte una excursión, o si quieres (supuestamente) más libertad buscarte un taxi privado. Esta última opción es la más recomendable. Con guía de habla inglesa incluido te sale por 400 RMB (40 euros)… eso sí te intentarán parar en alguna fábrica de seda o té en la que van a comisión de las ventas. Tú mandas, pero son insistentes de cojones… así que si no quieres discutir, casi mejor hacerte a la idea y disfrutar con los gusanicos tejedores.

La Gran Muralla es sin duda lo que más nos ha gustado. A pesar de su bestial inclinación, a pesar de las multitudes que allí se agolpan pero que irán desapareciendo a medida que avanza la subida, a pesar de tener que ayudarme de muletas… tiene historia, paisaje, y grandeza. Sientes que ha merecido la pena llegar hasta allí, además al ir de cojito me grajeé miradas de respeto de las gentes locales, y un gesto oriental de respeto tiene más caché que un gesto de aprobación de jubilado español al contemplar una obra.

Para cerrar mi recorrido de imprescindibles turísticos, incluiré el Palacio de Verano. Sobre todo porque estuve a punto de perdérmelo y porque lo subestimé. Le dedicamos dos horas del último día y no llegamos ni a ver la mitad. Eso sí, es de esos lugares donde hasta los malos fotógrafos somos capaces de encontrar una instantánea digna en cada rincón. Recomiendo un día entero para perderte en él. Eso sí, un día que el tiempo acompañe para disfrutar mejor de sus lagos y jardines.

Tengo la sensación de dejarme mucho en el tintero, pero no quiero hacer un post demasiado largo y estoy deseoso de saltar a la siguiente etapa de mi viaje: Seúl…. Ah, claro, que no os lo había contado. Que todo este viaje ha surgido porque me invitaron a una boda en Corea… así que yo o de vosotros no me lo perdería porque queda lo mejor.

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2 Comentarios

  1. De Cabo
    5 mayo, 2011
  2. otro pekinés reciente
    8 mayo, 2011

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