Bienvenidos a Seúl.


Que hayan situado una estatua de nuestro logo en uno de los paseos junto al río Han habla bien a las claras del hospitalario carácter de los coreanos.

Vale, vale. Pongamos que es casualidad, que no sabían que yo iba allí de visita, ni siquiera que escribo en este blog, e incluso que desconocían la existencia del mismo. Pongamos que el parecido de este barco con el nuestro es mera coincidencia. Aun así el título de este post no ha sido puesto al azar, porque desde el primer momento que llegamos a Seúl nos sentimos bienvenidos a este país.

Seamos sinceros, no fue desde el primer momento. Llegamos a altas horas de la madrugada y por un mal entendido perdimos los autobuses que Korean Air había dispuesto para los pasajeros de su último vuelo. Acosados por los taxistas piratas, nos fuimos a la cola de los taxis oficiales. Allí, en primer lugar había un taxi negro (de color), nos habían advertido que los de este tipo eran más caros, pero dadas las circunstancias lo cogimos, eso sí, viniendo como veníamos de China, pactando el precio de antemano.

Le costaba dar con el hotel y por las horas y el desarrollo de los hechos, la situación nos llenaba de desconfianza. Como no hablaba ni papa de inglés, en un momento dado nos dijo algo en coreano y se bajó del taxi dejándonos en un callejón típico de película de Jackie Chan. Yo empuñaba mis muletas a modo de nunchakus a la espera de que un escuadrón de ladrones ninja hiciese su aparición de un momento a otro. ..
Falsa alarma, el letrero del hotel tenía las luces apagadas y se había bajado a asegurarse de que éste estaba abierto. Cuando nos apeamos y habiéndole pagado ya, nos acompañó hasta recepción. Con nuestros antecedentes pequineses, pensábamos que en busca de una propina, pero una vez más nos equivocamos. Simplemente habló con el de recepción para asegurarse que nos alojábamos allí y no nos dejaba en plena noche en un sitio equivocado. A partir de ese momento, nos quedó claro, los coreanos son gente atenta, amable y amigable. Gente divertida bajo un traje de timidez.

Ya habrá tiempo de hablar de lugares que visitar, pero yo quería empezar este recorrido por Corea del Sur hablando de su gente. De su cercanía y amabilidad. De su curiosidad hacía los extranjeros. Quizá la situación del país en medio de dos enclaves más turísticos como China y Japón hace que no estén acostumbrados mucho al turismo occidental y , muchos menos, a un grupo de ruidosos españoles por ahí sueltos… el caso es que durante los ocho días que estuvimos allí se acercaron a nosotros para pedirnos posar para una foto, información sobre nuestro origen o incluso votos para elegir al más guapo del instituto.

Eso en cuanto a los desconocidos. En cuanto a los conocidos y familiares de nuestra anfitriona (recordatorio: estábamos en Seúl para una boda), qué decir. Más de lo mismo, interés, sonrisas amables… y mucha alegría.

Si las circunstancias no hubieran puesto Corea del Sur en mi entorno, probablemente nunca la hubiera colocado en los puestos de cabeza de destinos turísticos a los que quiero ir. Después de estar allí no puedo más que recomendarlo. Por su gente y por esos sitios que ver… que en próximos capítulos os mostraré.

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