De turismo por Corea del Sur: Seúl.


Seguramente si preguntase por un monumento o lugar representativo de Corea del Sur, la respuesta del 95% de nuestros lectores iría a la categoría de no sabe/ no contesta. Pero no os confundáis no estamos ante un país exento de sitios que disfrutar.

Seúl es una ciudad de casi once millones de habitantes, ahí es . Y lo suficientemente grande como para que, aunque sólo sea por una mera cuestión estadística, encontremos decenas de rincones donde disfrutar. Modernidad y tradición se mezclan en sus calles ofreciendo una variada oferta al visitante.

Empecemos por la tradición. En Seúl hay cinco grandes palacios, todos ellos de nombres impronunciables y todos recomendables. Sin embargo, como lo mucho cansa, si uno no quiero acabar con empacho de Joseones (todos los palacios son de la dinastía Joseon- pronunciar Choson y no Josuaaaaaaa a lo Moranco) habrá que hacer selección. Nosotros como íbamos con amiga autóctona sólo tuvimos que seguir su recomendación.

El Gyeongbokgung también conocido, para alegría de nuestras cuerdas vocales, como Palacio Real parecía una visita indispensable. Al igual que en habíamos visto en China, está construcción también se basa en una serie de estancias a las que se accede a través de distintos patios. Destaca por su belleza, sin duda, la que se encuentra sobre el estanque. Todo el conjunto es precioso, más aún adornado por los árboles en flor de la primavera.

El cambio de guardia, con esos guardianes accesibles al público y a sus peticiones fotográficas, es un espectáculo que también merece ser visto. Aunque aviso que sus barbas claramente postizas les quitan rigor, tanto que si combinaran sus túnicas coloridas con abanicos en vez de con lanzas y hachas, no sería difícil imaginarlos danzar al son de Locomía.

El segundo palacio recomendable, aunque hablo más de oídas ya que algunos de mis amigos fueron pero yo no pude, es Changdeokgung. Al que denominaréis el palacio del jardín secreto. Al parecer este jardín es lo más destacable, pero al ser secreto no pudimos sacar muchas información sobre él a nuestros compañeros de viaje.

En la parte más moderna tenemos que destacar la torre de Seúl, que merece la pena ser visitada tanto por las vistas como por el parque donde se asienta. Probablemente es el más identificable de los edificios del skyline de Seúl, así que no debe faltar vuestra foto junto a él.

Por mucho que me duela decirlo debido a mi tiendofobía, no podemos irnos de esta maravillosa ciudad sin visitar su más famosa zona de compras Myeong-dong a la que nosotros denominamos, no despectivamente sino por hacernos la vida más fácil, Mierdón. Es una área llena de comercios obviamente, pero lo mejor son los carteles que adornan sus fachadas y que cobran todo su esplendor de noche. Es la típica imagen que uno tiene asociada a las ciudades más modernas de oriente como Tokio, Hong-Konk… y claro está, Seúl.

Para compras más artesanales y con más encanto, estaba el que sería nuestro barrio, Insadong. Perfecto para pasear y para encontrar el regalo o souvenir que llevar a tu familia. Encontrarás tiendas y puestos ambulantes, entre los que destacan los que se dedican a la elaboración del Dragon Beard Candy más que por el dulce en sí, que no está mal, por el show que montan para su elaboración.

Y como esta actuación no la pueda superar, me despido momentáneamente, pero prometo una segunda parte… por lo menos.

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