Grüezi mitenand,

Después de exactamente 3 meses de pausa y en el día de la fiesta nacional de la Confederación Helvética vuelvo al blog.

Y vuelvo como corresponsal de decabo.com en Suiza y para contaros cómo se vive por aquí en estos tiempos en los que los españoles cada vez tienen que estar más por el mundo. Intentaremos que os valga para que tengáis información relevante (o no) de la vida helvética y de paso nos echemos unas risas (sin que me echen de país a ser posible).

Es importante empezar siempre con las reglas del juego bien claras. Os vamos a contar las cosas desde el punto de vista de alguien que las vive, con una visión objetiva totalmente relativa. Este bonito oxímoron quiere decir que vamos a contar las cosas como las vivamos o suframos, sin pretender sentar cátedra ni convertirnos en la Encarta (Encarta, carne de Rimembe como que hay Dios).

Pues eso, estad atentos al blog si queréis saber cómo se vive por aquí, cómo de ciertos son esos tópicos sobre los suizos y sus vecinos o si simplemente queréis ver como cavo mi tumba y pierdo mi permiso de residencia. Os dejo, y que mejor, como buen emigrante, que hacerlo con un poco de música que nos recuerde a nuestra patria querida, aunque más que un recuerdo este vídeo es casi una mirada al futuro de la España de los recortes.

Uf Widerluege!

Publicado por Call me Ishmael

Call me Ishmael. Some years ago - never mind how long precisely - having little or no money in my purse, and nothing particular to interest me on shore, I thought I would sail about a little and see the watery part of the world. It is a way I have of driving off the spleen, and regulating the circulation. Whenever I find myself growing grim about the mouth; whenever it is a damp, drizzly November in my soul; whenever I find myself involuntarily pausing before coffin warehouses, and bringing up the rear of every funeral I meet; and especially whenever my hypos get such an upper hand of me, that it requires a strong moral principle to prevent me from deliberately stepping into the street, and methodically knocking people's hats off - then, I account it high time to get to sea as soon as I can. This is my substitute for pistol and ball. With a philosophical flourish Cato throws himself upon his sword; I quietly take to the ship. There is nothing surprising in this. If they but knew it, almost all men in their degree, some time or other, cherish very nearly the same feelings towards the ocean with me.

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