Leí el otro día en un periódico de tirada nacional un interesante artículo escrito por Plácido Fernández Viagas, doctor en Ciencias Políticas, letrado del Parlamento andaluz y en su día magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía.

Lo pongo a colación de lo mucho que se comenta últimamente sobre las figuras públicas y el daño que puede hacer la difusión de noticias inventadas, no contrastadas o falseadas; la lacra del rumoreo y el daño que deja detrás una vez olvidado o desmentido.

Cuando se tacha a una persona de ciertas cosas, se le cuelga una etiqueta de la que difícilmente se va a poder desprender. ¿Creéis que se puede jugar con acusaciones tan graves (sin ser ciertas) como la de maltratador? ¿Pederasta? ¿Acosador? Lo vemos todos los días en los medios de comunicación. Si alguien quiere hacerte daño, es muy fácil, facilísimo lanzar el rumor… e imposible librarte de tu nuevo «cartelito» por mucho que un juez lo diga y te declare inocente… «Cuando el río suena, agua lleva» Solemos decir… En la cabeza de los lectores, espectadores o demás, siempre quedará ligada la etiqueta al nombre, a la persona.

Me gustaría que leyérais el texto y me diérais vuestra opinión:

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Transcribo:

La venganza de la mayoría

«Decía Epicuro que la dicha no la proporciona «ni la dignidad de nuestras ocupaciones ni los cargos ni el poder». Para el filósofo, que concebía el placer como el objetivo único de la vida, la vanidad de nada servía. Hoy día, su consejo tiene una razón más evidente: Hay que evitar la caza al hombre que se desarrolla desde que entras en la vida pública. Nuestra civilizacción ha establecido un paradigma, teóricamente liberador, reflejado con perfección por el Tribunal Supremo de los Estados Unidos, «un individuo que desea obtener relevancia social debe aceptar las consecuencias de la crítica».

Parece lógico, sería la manera asegurar la transparencia, si quieres ser valorado tienes que someterte al ojo escrutador de los medios de comunicación: De mostrarás si eres digno, o no. un razonamiento de esta clase encierra no desdeñables peligros. ¿No servirá como coartada para eliminar a los que destaquen sobre los demás? Si la vida se convierte en una selva en la que resulta posible disparar contra culaquiera que se mueva, lo más seguro será encerrarte, con eficaces candados, en tu casa. Michael Jackson, por ejemplo, que ahora anuncia su retirada, fue objeto de innobles acusaciones por parte de la prensa, luego se demostraron contundentemente falsas. Destrozaron una vida que era ya suficientemente frágil, ¿sirvió para algo?

En nuestra sociedad, el ataque a la personalidad se ha convertido en un juego con reglas bien establecidas: la fama es bienvenida y jaleada, pero, a partir de que la obtienes, habrá que buscar todos los medios para eliminarla. Y en forma bien hipócrita, pues la excusa se encontrará en la limpieza social. En la Edad Media, los herejes eran llevados a la hoguera en forma pública, todos podían dar rienda suelta a su dosis correspondiente de sadismo y crueldad. Ahora no es necesario disentir, basta con elevarse y brillar. El riesgo para los acusadores es mínimo: cuanto más importante sea el atacado, mayor impunidad se garantizarán. La sacrosanta libertad de expresión servirá de escudo cuando las pruebas no sean suficientemente consistentes.

Los seres humanos se esforzaron durante siglos en acentuar su sentido de la diferencia, no se dieron cuenta de que llegaría un tiempo en que las cámaras no permitirían desarrollarlo. Nos sentimos bien progresistas porque hemos construido un mundo en el que nadie es inmune a la crítica. ¿No será todo un pretexto, bien inteligente desde luego, para convertirnos en seres mediocres y correctos?

Una vez conseguido, los periódicos desaparecerán, quedarán las imágenes de la caja tonta que no dejan pensar, idiotizan. La envidia habría cumplido una función social: establecer el reino de la perfecta igualdad.»

Publicado por De Cabo

Amante de la tecnología, la innovación y la inversión, director del que llamo "vuestro blog" y fan de la gente que sabe de lo que habla.

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6 comentarios

  1. La verdad es que es un tema que me ha dado mucho que pensar. Yo fui de las que se alegró cuando eliminaron de la parrilla televisiva al programa del TOMATE. No creo que tengamos derecho a destrozar reputaciones por el mero hecho de reirnos, de divertirnos. Una noticia falsa tiene un impacto diez veces mayor (como mínimo) que la posterior rectificación. Creo que hay que hacer un exámen de conciencia general. A los profesionales que se dedican a la información, hay que insistirles, que al igual que yo (Que soy enfermera) ellos también tratan con la vida de las personas, que sus palabras pueden llegar a ser arma blanca, y que tienen que ser éticos con las informaciones que se dan.
    Hay personas que venden su vida, pero aún así, no creo que eso sea una licencia para abrir la veda al destrozo público. Particularmente, para mí mi privacidad es de las cosas más sagradas que tengo. LLevándolo a un terreno casi doméstico, como ejemplo de que en la palestra podemos estar todos, yo tengo un blog, doy datos de mi vida, pongo fotos, me expreso y me posiciono, pero tampoco creo que eso ya sea motivo para justificar cualquier uso que se haga de mí. Y si a mí, en el pequeño ámbito que me muevo, no me gusta, supongo que a los personajes públicos, con una difusión infinitamente mayor, tampoco.

    Me gusta la información, con todo lo subjetivo que de ella se deriva, pero de verdad que odio ese tipo de «masacre pública».

    Jiji, creo que me he puesto demasiado solemne, sorry.

    Besos.

  2. Insidia, que algo queda. Una maxima no solo valida para la prensa en general, sino por desgracia, para la sociedad en general.

    Eso si, Michael Jackson sigue siendo el amigo de los niños ;-)

  3. Totalmente de acuerdo con lo que dices chica de marte, es una forma de rescribir lo que digo, y no hay más claro ejemplo que el tomate. A mí me daba verguenza ajena de verdad, sobretodo oir hablar a Jorge Javier inventando y manipulando como lo hacía. Era tan evidente que casi todos nos dimos cuenta. Era dañar por dañar, sin importar el quién.

    En cuanto lo que dices tu cabra, por desgracia Michael Jackson seguirá siendo el amigo de los niños y el negro que se operó para ser blanco, siendo verdad o mentira… lo cierto es qué más da, ni a tí ni a mí nos hace daño, otra cosa opinaría él.

    La verdad es que es un tema delicado el que hablamos, pero creo que estamos todos de acuerdo. Ser un personaje público no implica la vía libre para invadir tu vida privada.

  4. Es cierto que no se deberían meter en la vida privada de los personajes públicos siempre y cuando ellos no den pie para que esto ocurra. Pero también es verdad que a veces ellos para promocionar sus discos, películas, etc lo hacen, porque es lo que interesa al lector y al televidente. Y yo creo que una vez que hacen esto y dan exclusivas deben aguantarse.

  5. A mi la vida de los famosos mas bien me la suda. Me parece bien que se respete la vida privada de todo el mundo, etc, etc. Pero si alguien lanza un rumor falso, esos mismos famosos no tienen mas que ir a un juzgado y denunciar. Asi de simple. Lo que pasa que eso de los rumores da mucho juego, y pueden ir por los programas ( cobrando, claro ) a contar su version, luego a negarla, luego la recaida, luego la caidita de roma. Pero yo creo que a vase de denuncias, se acabarian todos estos temas.

    si los rumores son falsos, claro. Si son ciertos, que apechuguen.

  6. Sinceramente no creo que en este ‘sitio’ que algunos llaman país se pueda preservar el honor de uno a base de denunciar a los periodistas. Cuando revistas de la prensa amarilla y demás medios se jactan de pagar las multas de sus periodistas cuando son encontrados culpables de delitos contra la intimidad de la gente…
    Mi opinión es que una vez que te has llevado el sartenazo estás jodido. Un sartenazo no te mata, pero te mancha de hollín… Limpiar luego tu nombre es complicado y costoso. El rumor, sea cierto o falso, ya ha calado en la gente y eso es muy complicado de extirpar.
    Lo jodido es no caer en la trampa de vender los matrimonios, los embarazos, los partos, los bautizos, las comuniones, las separaciones, los divorcios… El dinerito fácil siempre es atrayente, pero una vez que has vendido todo lo que querías vender de tu vida la gente sólo quiere saber más y más de tí; eso ya no mola tanto… pensabas que tenías el control de lo que vendías y de lo que no pero, ¡ay amig@!, ahora te hacen fotos con teleobjetivos que pesan más que tu cabeza mientras tomas el sol en bolas en la cubierta del yate y eso no se puede controlar.

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