Cuando llega tu pareja del ginecólogo y te dice que te tienes que hacer un espermiograma tienes claro por donde va el tema, pero no sabes por dónde cogerlo.

No habías oído jamás ese nombre aunque quizás conocías su denominación más técnica, paja consentida. Así que habrá unas cuantas dudas que te surjan así de repente sobre las que, por supuesto, tu novia no habrá preguntado al ginecólogo ideólogo de esta prueba: ¿Dónde me lo tengo que hacer? ¿Dónde recojo la muestra? ¿Hay alguna prerrequisito que cumplir antes de llevar a cabo la prueba?

Respondamos pues estas preguntas con un caso práctico, el mío.

Lo primero que hice fue llamar al teléfono de Sanitas para pedir información. El tipo de conversación que vas a tener con la teleoperadora de turno demanda un cubata en la mano y música disco de fondo, pero desafortunadamente todo es aséptico y sin coqueteo sexual por su parte. Nunca palabras como “eyaculación” habían sonado tan frías de la boca de una mujer. Ella te contará cuatro cosas básicas:

– Necesitas un periodo de abstinencia previo a la prueba de entre 3 y 6 días (con más de 6 días supongo que te echan por abusón)… ¡Acierto!

– Necesitas recoger la muestra en un bote estéril (vaya adjetivo más poco adecuado) de los de los análisis de orina…. ¡Error!

– Puedes tomar la muestra en casa pero tienes media hora para llevarla al laboratorio (lo mejor si tienes un coche con sirena), la alternativa ir al laboratorio y recoger la muestra allí… ¡Acierto!

– Cualquier laboratorio concertado te vale…. ¡Error!

Sí, había acierto y errores entre lo que me contó, porque la señorita operadora te hablará siempre desde la lejana teoría vista por una mujer que nunca ha pasado ni pasará por ese trance. Afortunadamente para ti, querido lector, aquí estoy yo para que no te induzcan a cometer los mismos errores que a mí me indujeron a cometer.

Guiado por la información que me habían dado, llame a unos laboratorios cercanos a casa donde me recomendaron que lo mejor para la fiabilidad de la prueba era ir directamente a los laboratorios centrales, los más conocidos en Madrid son unos que se encuentran cerca de El Retiro con rimbombante nombre de MEGALAB. Pedí cita y dirigí mis pasos hacía allí.

Al llegar MEGALAB lo primero que descubrí es que no era tan mega. Una fila de personas esperando a ser atendidas en recepción se amontonaba junto con los que esperaban en la sala de espera. El gentío no era porque la calidad del esperma haya bajado alarmantemente, sino porque también hacen análisis de sangre.
Cuando llegó mi turno en recepción y dije que venía para lo del espermiograma, una amable señorita me dijo que si traía la muestra de casa o si la iba a recoger allí. Cuando respondía “aquí”, esperaba entonces que me guiara hacía un lugar alejado del mundanal ruido, lleno de intimidad, comodidad y revistas porno o como mínimo números atrasados del Interviú. Pero, no queridos amigos, me dijo literalmente “pase al servicio es aquella puerta al fondo”

Confundido me dirigí hacía el baño, de reojo miré las revistas de la sala de espera por si me pudieran ser de utilidad. Decidí que ni “Ser Padre” ni “Saber vivir” eran las publicaciones más indicadas en aquella coyuntura. Así que decidí enfrentarme al reto acompañado tan sólo por mi bote estéril de farmacia y mi imaginación.

¿Puede haber algo más triste que recoger una muestra de esperma en un baño cuasi público? Sí, lo hay, que el baño sólo tenga un inodoro y que otras personas intenten entrar mientras estás en faena. Por si esto fuera poco es a la hora de la verdad cuando te das cuenta que el bote de los análisis de orina no es el más adecuado para este acto: practicar puntería con el tiro a canasta aquí no es una opción, puesto que si fallas necesitas esperar al menos tres días para repetir, así que para asegurar que no fallas hay que, valga el símil baloncestístico y la redundancia, machacar. Ahí es cuando descubres que la boca del bote sería mejor si fuera un poco más ancha…

Total, que cuando sales de aquel baño te sientes como si hubieses superado las doce pruebas de Hércules. Pero vosotros, queridos lectores que teméis veros en este trance… no os preocupéis. Primero porque en momentos como este es donde la fantasia y la abstracción pueden ser tus mejores aliados, y segundo porque esto del espermiograma se puede realizar de una manera más fácil y confortable. Yo lo supe a posteriori, vosotros lo conoceréis a priori … en la próxima entrega de esta aventura.

Publicado por Chuscurro

Me gusta el humor y si es surrealista, mucho mejor. De pequeño soñaba con ser albondiguero, pero como los oficios tan especializados tienen poca salida en época de crisis, me tengo que conformar con ser bloguero con gorro de cocinero. Sígueme @chuscurro

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3 comentarios

    1. En el contexto de la humanización de la Medicina, he publicado mi libro «DÓNDE ESTÁN LOS HOMBRES» LOS GRANDES OLVIDADOS DE LA REPRODUCCIÓN ASISTIDA» que da voz a los varones que deben aportar muestras de semen por diversas circunstancias clínicas.
      Es un tema muy desconocido, tanto para el gran público como para el personal sanitario. Pocos saben lo que sienten los hombres cuando han de aportar semen por alguna situación clínica, porque nadie parece querer hablar de ello. Existe una intención en mantener ese silencio que queda muy bien reflejada en la frase «es lo único que tienen que hacer» y cierra toda opción para el diálogo. Nadie quiere conocer ni sus quejas ni las razones de las mismas. Por eso, ni ellos mismos saben si sus sentimientos de incomodidad y humillación son comunes en tales circunstancias. Porque ni sus mujeres ni el sistema sanitario conocen el verdadero alcance de ese sufrimiento, pese a que todos los hombres sometidos a esa experiencia coinciden en considerarla innecesariamente pública y sórdida tal y como se realiza ahora.
      En este libro ellos podrán verse reflejados, por fin, y conocer hasta qué punto no son los únicos en sentirse de ese modo. Y sus mujeres comprenderán mucho mejor tanto sus reticencias como la tensión que la prueba les genera; con mayor empatía. Asimismo, la población general dejará de contemplar sus cuitas con la irónica indiferencia con la que lo hace actualmente. Y el mundo sanitario conocerá de primera mano algo que prefiere no ver: la agresión psicológica que les ocasionan al solicitar esas pruebas; y comprenderán mejor la naturaleza de las reticencias y las dificultades de estos hombres a aportar semen por muy justificadas que parezcan las razones para hacerlo.
      Este libro no sólo describe y denuncia, también aporta algunas posibles soluciones, fáciles de implementar, dirigidas a aliviar el sufrimiento de esos varones durante la prueba. A la vez que responde a preguntas como:
      ¿La gestación subrogada y la «donación» de semen (gametos en general) son altruismo o explotación? ¿Lo es extraer semen de hombres muertos?
      ¿Estaría dispuesto el personal sanitario (tanto masculino como femenino) a ejecutar la acción que se solicita a esos hombres en sus mismas condiciones? ¿Lo estarían las compañeras de esos sujetos?¿Lo estarían quienes leen estás lineas? ¿De verdad se trata de un gesto sencillo, íntimo y placentero? ¿Realmente es una prueba como otra cualquiera?
      El texto de este libro está muy bien informado (contiene 646 referencias), es de amena lectura y muy ilustrativo, tanto para los sanitarios (estén o no estén involucrados en estas técnicas) como para la población general.
      Vale la pena leerlo y recomendarlo a familiares, amistades, colegas y potenciales pacientes.
      Sólo puede adquirirse a través de este enlace de Amazon:

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