Hola a todos,

A Gaspar Llamazarses se le ha ido la pinza. No me refiero al nuevo partido, Izquierda Abierta, que acaba de fundar con Almudena Grandes y otros destacados líderes de la izquierda no del todo contentos con el rumbo que tomaba cierta parte de Izquierda Unida, me refiero a Twitter.

Hace escasamente unos minutos ha dejado el siguiente mensaje:

Seguramente estaba dirigido a su hija Gema y no es para nada comprometedor pero nos enseña el peligro que tienen estas cosas. Todos nos acordamos de las «travesuras» de la prole del presidente extremeño, José Antonio Monago, que se dio de baja de la red social después de publicar un tweet que decía: «Obtuve 2.215 puntos en el #Doodlejump!!! Supera eso!«. O la supuesta de la descendencia de la ministra Fátima Báñez en la que aparecía el siguiente mensaje: «¡Obtuve 5390 puntos en Bubble Shooter Adventures! ¿Puedes mejorarlo?«.

La verdad es que el señor Llamazares es siempre muy activo en Twitter y más allá de compartir o no su ideología merece la pena seguirle, espero que el pitorreo mofa y escarnio que le esperan en las próximas horas no le hagan abandonar la red.

Pero he de confesar que por otro lado estoy ansioso por comprobar cuánto tarda el error en ser TT y ver quién es más ocurrente cachondeándose de él. Estaremos atentos.

Saludos!

Publicado por Call me Ishmael

Call me Ishmael. Some years ago - never mind how long precisely - having little or no money in my purse, and nothing particular to interest me on shore, I thought I would sail about a little and see the watery part of the world. It is a way I have of driving off the spleen, and regulating the circulation. Whenever I find myself growing grim about the mouth; whenever it is a damp, drizzly November in my soul; whenever I find myself involuntarily pausing before coffin warehouses, and bringing up the rear of every funeral I meet; and especially whenever my hypos get such an upper hand of me, that it requires a strong moral principle to prevent me from deliberately stepping into the street, and methodically knocking people's hats off - then, I account it high time to get to sea as soon as I can. This is my substitute for pistol and ball. With a philosophical flourish Cato throws himself upon his sword; I quietly take to the ship. There is nothing surprising in this. If they but knew it, almost all men in their degree, some time or other, cherish very nearly the same feelings towards the ocean with me.

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