Hacía mucho que no escribía en el blog. Y no siempre mis artículos gustaban a todo el mundo. Me acuerdo que hace casi 5 años compartía con vosotros mi debilidad por un grupo bastante especial, los Animal Collective. Por supuesto las críticas constructivas llovieron, dejando muy claro que pensáis que estoy mu loco.

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Es por ello que no hay mejor manera de volver a la palestra bloguera que con Panda bear meets the grim reaper, el nuevo disco de Panda Bear, uno de los componentes de Animal Collective. Acaba de salir sólo hace dos días y no ha pasado desapercibido para los críticos, que hablan maravillas de él.

Como muestra, el vídeo del hipnótico Boys Latin.

Y para mí tampoco lo ha hecho. Bajo mi punto de vista la música de este disco es más accesible que alguna de las cosas (raras) que ha hecho antes con Animal Collective, pero conserva ese todo desconcertante de sonidos extraños y ritmos que te envuelven como en un mantra (se ve que el muchacho no ha dejado las drogas).

Éste es el otro vídeo oficial que han publicado hasta ahora, Mr Noah. Abstenganse de verlo aquellos que sufran de mareos.

No todo el disco es tan cañero, está lleno también de pistas susurrantes y tranquilas. Es la música perfecta para ponerte a cocinar una tarde cualquiera con una copa vino, aunque habrá quien piense que más bien es la música ideal para un viaje psicotrópico. En cualquier caso buena mierda.

Bonus gafapasta, en Lonely Wanderer, si escucháis de fondo, se oye un piano con una música muy especial entre sonidos muy espaciales…

Es el arabesque número 1 de Claude Debussy.

Diréis como Maki Navaja, pos bueno, pos vale, pos malegro. Pero es que una versión de este arabesque era la sintonía de un programa de televisión mítico sobre el que escribí uno de mis primeros rimembers (en 2008!!!!!), el Planeta Imaginario.

Me han parecido un par de coincidencias y conexiones divertidas, y una excusa perfecta para volver a escribir.

Hay veces que el mundo encaja como un puzzle cósmico y psicodélico ;)

Publicado por Call me Ishmael

Call me Ishmael. Some years ago - never mind how long precisely - having little or no money in my purse, and nothing particular to interest me on shore, I thought I would sail about a little and see the watery part of the world. It is a way I have of driving off the spleen, and regulating the circulation. Whenever I find myself growing grim about the mouth; whenever it is a damp, drizzly November in my soul; whenever I find myself involuntarily pausing before coffin warehouses, and bringing up the rear of every funeral I meet; and especially whenever my hypos get such an upper hand of me, that it requires a strong moral principle to prevent me from deliberately stepping into the street, and methodically knocking people's hats off - then, I account it high time to get to sea as soon as I can. This is my substitute for pistol and ball. With a philosophical flourish Cato throws himself upon his sword; I quietly take to the ship. There is nothing surprising in this. If they but knew it, almost all men in their degree, some time or other, cherish very nearly the same feelings towards the ocean with me.

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