Coca Cola on the rocks para Tomás

Hay quien piensa que elegir entre Tinidad y Tomás era como elegir entre Coca Cola Light y Coca Cola Zero. Estamos hablando de prácticamente el mismo producto, es sólo cómo se promociona lo que es distinto. También hay gente que dice que es capaz de distinguir entre una Coca Cola y otra, yo desde luego no, pero aún así soy de los que me gusta decidir.

Cocacola

El caso es que los afiliados al PSOE madrileño han cogido la lata, la han arrugado y la han tirado a la ventana del Palacio de la Moncloa. Probablemente la mayoría no quería romper la ventana, pero sí que querían despertar a quien vive dentro.

Hay veces en los que hay que decir que no para hacer lo correcto y hay veces que necesitas que te digan que no para empezar a hacer lo correcto. Quien llegó a líder desde lo improbable como Tomás Gómez acaba de hacer, quien quiso cambiar los mercados y los mercados le cambiaron a él, a quien le pidieron que no les defraudara hace 6 años, tiene que escuchar porque muchos de aquellos ahora sienten que lo ha hecho, y votaron por el que dijo no. Y Trinidad no era mala candidata.

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De las muchas lecturas que tiene lo que ha pasado este domingo yo quiero quedarme con la de que hay una esperanza ante Esperanza, y sobre todo con la que pide una reflexión ante lo que está por venir. Hace falta que algo cambie, hace falta que los que tengan algo nuevo que decir den un paso adelante, y a los que se les han acabado las palabras y dicen lo que les han dicho que digan, uno atrás.

ZP_piensa

Igual es pronto, igual desde arriba cuesta escuchar, igual al final todo es Coca Cola, igual incluso la Coca Cola y la Pepsi son lo mismo. Yo llevo ya un tiempo en el que soy más de scotch on the rocks, de todas formas hoy quiero verle el lado luminoso a la vida, ¿demasiado escocés tal vez?

Saludos!

Publicado por Call me Ishmael

Call me Ishmael. Some years ago - never mind how long precisely - having little or no money in my purse, and nothing particular to interest me on shore, I thought I would sail about a little and see the watery part of the world. It is a way I have of driving off the spleen, and regulating the circulation. Whenever I find myself growing grim about the mouth; whenever it is a damp, drizzly November in my soul; whenever I find myself involuntarily pausing before coffin warehouses, and bringing up the rear of every funeral I meet; and especially whenever my hypos get such an upper hand of me, that it requires a strong moral principle to prevent me from deliberately stepping into the street, and methodically knocking people's hats off - then, I account it high time to get to sea as soon as I can. This is my substitute for pistol and ball. With a philosophical flourish Cato throws himself upon his sword; I quietly take to the ship. There is nothing surprising in this. If they but knew it, almost all men in their degree, some time or other, cherish very nearly the same feelings towards the ocean with me.

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