El PSOE llevaba más de un año perdiendo las elecciones y ayer finalmente las perdió. Como dijo el otro día Juanjo Millás, hay mucho votante de izquierdas que esperaban este día con un punto de masoquismo. «A ver qué hacen ellos cuando tengan que gobernar, verás que risa cuando tengan que mojarse de verdad». Pues no da ninguna, el clásico «que se joda mi sargento que no como rancho» deja de ser válido una vez cumplidos los 10 años.

Creo que Rajoy llega con buenas intenciones, pero no tengo claro cómo va gestionar el apoyo del funcionario cabreado al que le bajaron el sueldo y el del señor de Murcia que piensa que se lo tendrían que haber bajado más. Y están los famosos mercados, que son capaces de poner y quitar gobernantes. Y están esos periodistas serenos, centrados y ecuánimes que le han hecho el caldo gordo los últimos años (desde que dejo de pelearse con Esperanza «ironwoman» Aguirre).

Para empezar y dada la enorme mayoría de la que dispone, creo que no sería una mala idea empezar por revisar la ley electoral. Amaiur y CiU consiguen 23 escaños con menos de 1.500.000 votos, IU y UPyD 16 con casi 3.000.000. Entiendo perfectamente el origen de este sistema de conteo, pero creo que ya ha llegado la hora de cambiarlo.

Y Equo con más de 200.000 votos sólo ha conseguido un escaño en su coalición con Compromis en Valencia. Se esperaba (igual más se deseaba) un escaño en Madrid. Ya lo dijo la señora Botella, concejala de Medio Ambiente en el Ayuntamiento de Madrid y posible nueva alcaldesa, el medio ambiente es algo secundario en estos tiempos que corren y parece que la mayoría de los españoles piensa lo mismo.

En fin, que saldremos de esta crisis, no me cabe duda, pero me preocupa y mucho qué es lo que nos vamos a dejar por el camino. Estaremos atentos desde el fondo a la izquierda.

Publicado por Call me Ishmael

Call me Ishmael. Some years ago - never mind how long precisely - having little or no money in my purse, and nothing particular to interest me on shore, I thought I would sail about a little and see the watery part of the world. It is a way I have of driving off the spleen, and regulating the circulation. Whenever I find myself growing grim about the mouth; whenever it is a damp, drizzly November in my soul; whenever I find myself involuntarily pausing before coffin warehouses, and bringing up the rear of every funeral I meet; and especially whenever my hypos get such an upper hand of me, that it requires a strong moral principle to prevent me from deliberately stepping into the street, and methodically knocking people's hats off - then, I account it high time to get to sea as soon as I can. This is my substitute for pistol and ball. With a philosophical flourish Cato throws himself upon his sword; I quietly take to the ship. There is nothing surprising in this. If they but knew it, almost all men in their degree, some time or other, cherish very nearly the same feelings towards the ocean with me.

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