Libros en vivo: Legado de un títere ingenuo XXIV

Mi gesto pasó de estar contrariado a esperanzado. Salí de mi habitación a toda velocidad en pos del auricular. Al descolgar, sentí, como tantas otras veces, que mi corazón se iba ensombrecer tras la previsible decepción que estaba a punto de recibir. – ¿Diga?. – ¿Javi?… – Esa tímida voz femenina, ese tono dulce, ese […]

Libros en vivo: Legado de un títere ingenuo XXIII

Unidos sobre el lecho de amor, comenzamos a hablar sobre nuestras anteriores relaciones amorosas. Me vi incapaz de mentir, y aunque me cuide mucho de decir que aún la esperaba, hablé sobre Marie y nuestra maravillosa relación fugaz. No se si aquello me acercó más a Puri.

Legado de un títere ingenuo XX

– Oye, ¿tú viajas casi todos los días en el 133, no?- preguntó de sopetón. Intenté responder, pero estaba algo desconcertado y sólo acertaba a balbucear. Por fin logré centrarme y respondí. – Sí, bueno, sí. Supongo que sí. En fin, sí. Debió quedar impresionada con mi seguridad.

Legado de un títere ingenuo XIX

– Habrá que ir a una discoteca de salidas. Habrá que ir al Route. – No. Tengo una solución mejor: Veterinaria. Este sábado hay una fiesta de la Facultad de Veterinaria. En todas las fiestas de Veterinaria que he ido, he pillado. Hasta tú creo recordar que pillaste en una. Si le echas cara allí […]

Legado de un títere ingenuo XVI

La frase que acababa de escuchar me pareció una indirecta. Sin embargo no tenía la certeza total de que lo fuese. Tantas veces en el pasado había confundido frases normales con indirectas, por culpa de un optimismo soterrado que asomaba de vez en cuando, que quise ahora, que las cosas no me iban mal, mantenerme […]

Libros en vivo: Legado de un títere ingenuo XV

– No lo entiendes, después de todo lo que pasó no podía aceptarla, además, yo la rescaté porque quise, no porque esperase nada a cambio. – Sí, lo entiendo, eres un idiota y te has vuelto a enamorar de la chica inadecuada.

Libros en vivo: Legado de un títere ingenuo XIV

Alojé mis huesos en la fría piedra de un banco público, y permanecí un indeterminado número de minutos allí quieto, sumido en recuerdos recientes. Parecía estar bajo los efectos de un anestésico, grogui, casi sin fuerzas para esbozar una sonrisa amarga en mi rostro.