Esta sección necesita sin duda un patrocinador. El euro que me paga Don de Cabo por artículo no me permite frecuentar restaurantes que den relumbrón a nuestra guía, me da para dos perritos en el Ikea o una hamburguesa de oferta en el McDonald. Y aunque no descarto un día ponerme a comentar los servicios de hamburgueserías, de momento prefiero posts más espaciados en el tiempo pero que me den más juego.

Este es el caso del que voy a dedicar a mi reciente visita al Annapurna, uno de los restaurantes hindús más clásicos, conocidos y con mayor solera de Madrid. Si desde esta guía defendemos que un buen baño es básico y necesario en cualquier establecimiento de comidas que se precie, en aquellos más exóticos, o que sirven comidas picantes es una responsabilidad por encima de cualquier otro deber. Qué decir pues de este lugar al que algunos denominan el “anopurga”.

Ubicado en una zona noble de la capital a pocos metros de la sede del PP, al entrar en su baño no puedo dejar de pensar que algunos populares habrán concebido aquí sus mejores cagadas. Y que tras una semana de estreñimiento es posible que estuviera en este lugar Mariano Rajo(ho)y.

Mejor me quito esa imagen de la cabeza, y me centro en la crítica del baño. Al entrar en el mismo percibo un cuidado especial, suelos y paredes de madera me recuerdan la decoración de las casas antiguas y palacetes del centro de Madrid. No faltan detalles en el lavabo como colonia o klinnex, e incluso hay cuadros en las paredes. No hay duda que podría optar a ser el primero en obtener la más alta calificación de nuestra guía: “casi como en casa”.

Desgraciadamente tampoco va a ser así. Empiezo a contar urinarios y veo que no hay ninguno…ooooohhhhhhhh. ¿Cómo es posible que un restaurante tan grande se permita no tener urinarios? Si hubiera sido una decisión plástica esto solamente sería compensable por un número de tazas superior a tres. Si es una decisión, como me temo, de ahorro de espacio, sólo puede ser calificado como una decepción.

Hay sólo dos retretes, y aunque media hora antes fuimos los primeros en entrar a cenar en el turno de noche en el restaurante, con muy pocos clientes, ya están patentes en el suelo las consecuencias, literalmente las huellas, de no poner urinarios (foto adjunta).Además el cuadro de la pared lejos de cumplir su función de decoración, en la tesitura de la micción despista al usuario y le facilita el salpicón.

Posibles soluciones. La barata, dejar un baño sólo para aguas mayores cerrado con llave que hay que pedir al camarero. La cara, poner dos urinarios o añadir dos cubículos más con retrete. Si se quiere ser un restaurante de referencia, hay que serlo en cada área del mismo.

Vamos ya con la valoración de nuestra guía, bastante menguada por la decepción del pudo ser y no fue.

  • Número de tazas: 2
  • Número de urinarios: cero patatero
  • Seca-manos de aire: no
  • Toallas: De papel
  • Papel Higiénico:
  • Nivel de Limpieza: Pasable
  • Escalafón de Paca Garte:
  • Aprobado (zu) raspado – 2 barquitos
  • Recordad, es hora de hacer que se pringuen aquellos a los que no le importa que nos pringuemos nosotros. Hagamos de este mundo, un mundo mejor.

    Por ello si queréis denunciar o ensalzar a algún restaurante os agradeceremos si mandáis un email a

    guiapacagarte@gmail.com

    Publicado por Chuscurro

    Me gusta el humor y si es surrealista, mucho mejor. De pequeño soñaba con ser albondiguero, pero como los oficios tan especializados tienen poca salida en época de crisis, me tengo que conformar con ser bloguero con gorro de cocinero. Sígueme @chuscurro

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    1 comentario

    1. Hace un tiempo estuve en este restaurante y mi pobre acompañante no vió esos baños pero los de su casa sí y con bastante sufrimiento.
      He de decir que no por la mala calidad de la comida sino por el picante.

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